Rajoy movió ficha. El político que muchos tachaban de previsible e inmovilista ha mostrado en las últimas 24 horas un rostro diferente. Tal y como anunció el jueves, tras informar que había aceptado el encargo del Rey de buscar apoyos para la investidura –aunque su presencia en ésta aún no esté confirmada–se ha puesto inmediatamente manos a la obra y ayer mismo llamó a los líderes de PSOE y Ciudadanos, Pedro Sánchez y Albert Rivera, con quienes mantendrá sendas reuniones el martes y el miércoles de la próxima semana en el Congreso.
El objetivo es intentar un acercamiento para obtener, al menos, la abstención del primero y el «sí» del segundo en el debate de investidura. La vía para conseguirlo es, según manifestó el propio presidente y ayer repitió toda la cúpula popular, ceder en aquellos puntos programáticos en que se puedan negociar acuerdos. «Todo está abierto», aseguraba el presidente en funciones.
En el PP son conscientes de la dificultad de la empresa: será difícil, entienden, convencer al PSOE de que cambie de rumbo, tras meses de un Sánchez anclado en el «no es no».
Que Rajoy se humille
De hecho, las primeras reacciones socialistas tras el anuncio de Rajoy de que aceptaba –con matices– el encargo del Rey fueron tan viscerales que «nos llevan a pensar que más que un gobierno, lo que quieren es hacer sangre, que Rajoy se humille en una investidura fallida», se lamentaba un dirigente popular. Ayer, la diputada socialista y exmagistrada del Tribunal Supremo Margarita Robles sostuvo que si finalmente Rajoy decidiera no presentarse a la investidura tras aceptar el encargo del Rey, «tendría que presentar su dimisión».
Sin embargo, el PP tiene la impresión de que en Ciudadanos la reacción puede serles más favorable. Aunque nada más conocerse la cita entre Rajoy y Rivera en la formación naranja aclararon que tampoco estaban dispuestos a cambiar su voto, los populares confían en poder alcanzar acuerdos con Rivera. Saben que si él convierte su abstención en un «sí», la gobernabilidad está asegurada.
Por eso, ayer todos los vicesecretarios populares y algunos otros cargos institucionales del partido salieron en tromba a explicar públicamente que no era ya Rajoy el que se ofrecía, sino que el cabeza de lista del PP se había visto reforzado con el encargo del Monarca de que intentara recabar apoyos para formar gobierno.
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