El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha tenido una afinidad con Venezuela en los últimos meses. Pero, detrás de ese extraño e intenso interés, parece existir una visión mucho mayor que solo capturar a los miembros criminales del régimen.
Redacción El Político
Según el libro Regimen Change, escrito por los periodistas Maggie Haberman y Jonathan Swan, el presidente dijo que quería convertir a Venezuela en el estado número 51. Lejos de ser una idea absurda, el relato incluido en la obra y expuesto por The New York Times, refiere que el mandatario comentó la idea de forma seria a sus aliados cercanos.
El proyecto de Trump consistía en que tras la captura de Nicolás Maduro y el nuevo escenario político, Venezuela podría integrarse formalmente al territorio estadounidense. Asimismo, planteó que él mismo podría elegir a quien gobernaría en el área.
Aunque la declaración ha sido interpretada por algunos como una muestra del estilo provocador que caracteriza al presidente estadounidense, el comentario reavivó las dudas sobre el alcance de la política exterior de Washington y los límites legales de una propuesta de este tipo.

Un escenario que fortaleció la visión de Trump
Según la publicación, la idea tomó fuerza dentro del entorno presidencial después de la operación realizada en Venezuela a comienzos de 2026 y de la posterior detención de Nicolás Maduro.
El libro sostiene que estos acontecimientos reforzaron en Trump la percepción de que Estados Unidos podía intervenir y reconfigurar escenarios internacionales de manera rápida y con bajos costos políticos.
La supuesta visión sobre Venezuela aparece junto a otras ideas que el mandatario ya había expresado públicamente en meses anteriores, incluyendo referencias sobre Canadá y Groenlandia como territorios estratégicos para ampliar la influencia estadounidense.
En mayo, Trump compartió en redes sociales una imagen en la que Venezuela aparecía representada como el “51º estado” de Estados Unidos, utilizando los colores y símbolos de la bandera estadounidense sobre el mapa venezolano.
A pesar de que el mensaje no incluía explicaciones adicionales, fue suficiente para generar reacciones fuera del país.
El gobierno interino de Venezuela, encabezado por Delcy Rodríguez, rechazó en ese entonces cualquier posibilidad de anexión a EE.UU y defendió el principio de soberanía nacional.
Desde Caracas, destacó que el país caribeño mantiene instituciones propias y una identidad construida sobre procesos históricos de independencia que hacen incompatible cualquier escenario de integración territorial con otra nación.
“Jamás estaría previsto”, dijo hace unos días Delcy Rodríguez desde La Haya a la idea de Trump de hacer de Venezuela el estado 51 de EEUU.
Es llamativa la respuesta tajante, cuando ella no es autónoma. pic.twitter.com/LWBF7OQU9f
— Orlando Avendaño (@OrlvndoA) May 19, 2026
¿Venezuela puede ser estado 51?
Durante unas declaraciones para Fox News, Trump justificó la idea bajo dos argumentos principales. El primero fue el valor estratégico de Venezuela por sus enormes reservas energéticas. Según expresó, el país posee recursos petroleros que podrían representar una ventaja económica y energética para Estados Unidos.
El segundo argumento estuvo relacionado con una supuesta simpatía de parte de los venezolanos hacia Estados Unidos y hacia su figura política.
Más allá del impacto político de la declaración, muchos analistas políticos coincidieron en que convertir a Venezuela en un estado estadounidense enfrenta obstáculos prácticamente imposibles de superar.
Para que un territorio pase a formar parte oficial de Estados Unidos existe un procedimiento constitucional que requiere decisiones institucionales complejas. Así como amplios consensos políticos.
En términos generales, un territorio tendría que aceptar el proceso, redactar estructuras estatales compatibles con el sistema estadounidense y recibir aprobación del Congreso y del presidente.
Además, una incorporación implicaría transferir competencias fundamentales al gobierno federal estadounidense. Estas incluyen áreas como política exterior, defensa y administración de recursos estratégicos.
En el caso venezolano, esto supondría renunciar al control directo sobre elementos centrales del Estado, como el petróleo, las fronteras y las fuerzas armadas. Analistas consideran que un escenario así sería rechazado tanto por amplios sectores de la sociedad venezolana como por buena parte de la comunidad internacional.
Por lo tanto, se cree que la idea de Trump en convertir a Venezuela en el estado 51 es más una declaración política que de un proyecto con posibilidades reales. Sin obviar que el proceso también enfrenta retos en suelo estadounidense.
La polarización actual hace difícil imaginar que el Congreso apruebe una iniciativa de semejante magnitud.









