Los recientes ataques lanzados por Irán contra varios países del Golfo Pérsico han abierto un nuevo frente de preocupación que va mucho más allá de una escalada del conflicto. En Kuwait, uno de los proyectiles impactó en una planta de generación eléctrica y desalinización de agua, infraestructuras importantes para la supervivencia de millones de personas.
Redacción El Político
Aunque las autoridades lograron controlar el incendio y activar planes de emergencia, temen que los conflictos sigan empeorando y los enfrentamientos desencadenen una crisis nacional de suministro de agua potable y electricidad al mismo tiempo.
Según medios internacionales, el ataque provocó un incendio y causó daños en varias unidades de generación eléctrica de la instalación. No obstante, el Ministerio de Electricidad, Agua y Energía Renovable confirmó que los equipos de emergencia actuaron para contener las llamas y reducir el impacto sobre el servicio.
Este ataque se produjo en medio de una escalada militar entre Irán y Estados Unidos, conflicto que en los últimos días alcanzó a otros países del Golfo, entre ellos Qatar y Baréin.
IRAN STRIKES KUWAIT’S CRITICAL INFRASTRUCTURE AGAIN
Iran launched a second strike in two days on a Kuwaiti power and desalination plant, sparking a fire after a similar facility was hit the previous day. Kuwait depends on desalination for roughly 90% of its drinking water. The… pic.twitter.com/oJawjVaCr2
— Mossad Commentary (@MOSSADil) July 18, 2026
¿Por qué Kuwait podría quedarse sin agua potable?
A diferencia de muchas regiones del mundo, los países del Golfo Pérsico cuentan con muy pocas fuentes naturales de agua dulce. Las escasas lluvias, altas temperaturas y la falta de grandes ríos obligan a estas naciones a depender casi completamente de las plantas de desalinización para producir agua potable.
Estas instalaciones toman agua del mar y, mediante procesos industriales, eliminan la sal y otras impurezas hasta hacerla apta para el consumo humano. La tecnología más utilizada actualmente es la ósmosis inversa, un sistema que fuerza el paso del agua a través de membranas extremadamente finas capaces de separar la sal del líquido.
Gracias a este proceso, millones de personas disponen diariamente de agua para beber y cocinar, también se abastecen los hospitales, industrias y se preserva la agricultura.
El caso de Kuwait resulta delicado. Se estima que alrededor del 90 % del agua potable que consume el país proviene de la desalinización del agua de mar.
La situación es similar en otros países vecinos. Por ejemplo, Omán obtiene aproximadamente el 86 % de su agua mediante este sistema, mientras que Arabia Saudita produce cerca del 70 % de su suministro de agua potable a través de plantas desalinizadoras.
Esto significa que cualquier interrupción prolongada en estas instalaciones podría afectar rápidamente la vida cotidiana de millones de habitantes.
Sin agua suficiente, ciudades enteras enfrentarían la interrupción de un servicio que es vital.
Earlier, a Kuwaiti power and desalination plant was hit by Iran, sparking a fire. It’s the second such strike in two days, after a similar plant was hit yesterday. Kuwait relies on desalination for roughly 90% of its drinking water. pic.twitter.com/9BO5Wr7B7E
— Open Source Intel (@Osint613) July 18, 2026
Irán sabe que las plantas desalinizadoras son vulnerables
Gran parte de la infraestructura de desalinización del Golfo se encuentra concentrada en la costa. Más del 90 % del agua desalinizada de la región es producida por apenas unas decenas de grandes plantas ubicadas a poca distancia unas de otras y dentro del alcance de misiles y drones.
Diversos análisis de seguridad realizados durante los últimos años han advertido que estas instalaciones representan objetivos altamente sensibles debido a la enorme dependencia que existe de ellas.
Además, muchas funcionan junto a centrales eléctricas mediante sistemas de cogeneración. Esto significa que una misma instalación produce electricidad y agua potable.
Si un ataque afecta el suministro eléctrico o destruye equipos esenciales, ambas operaciones pueden detenerse simultáneamente. En consecuencia, Kuwait y otras localidades no solo podrían quedarse sin agua, sino también sufrir interrupciones importantes en el servicio eléctrico.
Además, estas plantas necesitan sistemas de captación de agua marina, bombas, equipos de filtración, membranas especiales, redes eléctricas y sistemas de distribución.
Si cualquiera de estos componentes queda gravemente dañado, la recuperación puede tomar semanas o incluso meses, dependiendo de la disponibilidad de equipos de reemplazo.
Por esa razón, los expertos consideran que un ataque de Irán contra estas instalaciones podría desencadenar una emergencia humanitaria. La falta de agua potable afectaría la salud pública, aumentaría el riesgo de enfermedades y complicaría el funcionamiento de hospitales, industrias, aeropuertos y servicios esenciales.
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🇮🇷IRÁN anunció que Estados Unidos atacó la planta de desalinización de Bonji, en el condado de Jask, provincia de Hormozgán, con varios misiles, dañando instalaciones eléctricas y bombas de agua, y dejando a alrededor de 20 pueblos sin suministro de agua.— HISTORIA Y GEOPOLÍTICA 🌐 (@Geopolitik_2030) July 18, 2026
Una guerra costosa
El incidente registrado en Kuwait no es un caso aislado. Desde el inicio de la escalada militar, varios países del Golfo han informado daños relacionados con instalaciones de agua y energía.
Kuwait ya había reportado anteriormente afectaciones en la planta desalinizadora de Doha West debido a restos de drones interceptados. En Baréin también se registraron daños en una instalación similar tras el impacto de un dron.
La amenaza sobre las plantas desalinizadoras cobra relevancia precisamente por lo crítico que es para las naciones y por los altos costos que podría generar.
Pues los gobiernos del Golfo deben destinar cada vez más recursos a reparar infraestructura dañada y reforzar sus sistemas de defensa, reduciendo la inversión en otros sectores estratégicos.
Varios expertos internacionales consideran que proteger estas instalaciones será uno de los mayores desafíos para los países del Golfo mientras continúe la escalada del conflicto.










