Latinoamérica

Venezuela: ¿Qué pasa si Chávez es reelecto?

ANÁLISIS |El mandatario seguirá profundizando su modelo socialista sin paralizar la actividad privada

Asdrúbal Oliveros

En un escenario en que el presidente Chávez gane las elecciones en octubre próximo, el elemento clave de su modelo económico se mantendrá: el sector público continuará creciendo a costas del sector privado y, al igual que en el período 2011-2012, el crecimiento estará bastante por debajo del producto potencial. Esto explicado principalmente por un contexto donde los precios internacionales del petróleo se mantienen en buen nivel.

A partir del boom petrolero, la economía venezolana ha sido dependiente en gran medida del petróleo y de las fluctuaciones de sus precios, con lo cual se originan contracciones o expansiones según el precio del barril. Las políticas económicas del Gobierno de Chávez han acentuado esta dependencia petrolera. Por un lado, el control cambiario ha deteriorado el sector privado exportador, y por el otro, la política fiscal pro-cíclica magnifica los efectos, tanto positivos como negativos, de los shocks petroleros en la economía local. Lo que hemos tenido es una marcada volatilidad en nuestra tasa de crecimiento.

El entorno internacional actual y sus perspectivas resultan muy positivos para el país en este y los próximos años, ya que tanto el contexto geopolítico como los fundamentos del mercado a nivel de oferta y demanda apuntan a precios promedio de los marcadores petroleros internacionales permanentemente por encima de US$100/bl.

Durante la última década la producción petrolera de Venezuela se ha reducido en más de 13,1%, siendo ésta una de las causas por las que los altos precios petroleros de estos últimos meses no generaron el crecimiento económico ni el bienestar social que se produjo en los años del boom 2004-2008. De hecho, en 2011, con un nuevo nivel récord en los precios petroleros, el crecimiento económico se ubicó, según el banco central en 4,0%. En 2006, con un precio de US$56/barril crecimos 10%.

Para los próximos cinco años proyectamos un crecimiento promedio del PIB de solo 1,0%, muy por debajo del crecimiento potencial e inferior al crecimiento poblacional (1,6%); el modelo económico actual impedirá crecer a una tasa superior.

En materia petrolera, es claro que en estos meses antes de las elecciones, la estrategia del Gobierno será incrementar la presión fiscal sobre Pdvsa y las inversiones que se realicen serán las mínimas para evitar una caída de la producción que está en niveles que podríamos denominar “críticos”.

Más allá de 2012, la situación cambia. La sostenibilidad del modelo chavista se basa en el reparto de la renta, de manera que esto está atado al desempeño de Pdvsa. No descartamos que el Ejecutivo flexibilice el marco legal actual para recibir recursos desde las empresas privadas y tratar de apuntalar la producción. La otra posibilidad, más riesgosa aún, es que se busque financiamiento con China para inversiones petroleras y que este financiamiento se pague con petróleo, de forma similar a los convenios que se encuentran vigentes.

Evidentemente, en un escenario de permanencia de Chávez el control de cambio permanece; se trata de una herramienta más para lograr imponer el modelo económico socialista del siglo XXI donde el Estado tiene supremacía. Esto no quiere decir que el régimen cambiario no sufra modificaciones, pero las mismas mantendrán el esquema actual. La válvula de escape continuará siendo la devaluación del tipo de cambio oficial, la cual puede ser mayor en los años siguientes a 2012, dado que el Ejecutivo no podrá continuar con el nivel tan agresivo de endeudamiento externo.

En cuanto a las proyecciones inflacionarias, estamos convencidos de que si repite el actual Gobierno con su conjunto de políticas públicas, Venezuela continuará con una inflación “alta y persistente”, cuya variación anual del nivel de precios fluctuará entre 25,0% y 30,0%. En el pasado, bastaba el anclaje cambiario para lograr una baja significativa de la inflación, como ocurrió en el período 1996-2001. En la actual coyuntura, el anclaje cambiario y el anuncio de medidas no son suficientes.

En el marco del socialismo del siglo XXI, luego de la reelección del presidente Hugo Chávez en el año 2006 y con la presentación del Proyecto Nacional Simón Bolívar, Primer Plan Socialista (PPS) 2007-2013, el Ejecutivo dejó en evidencia su intención de cambiar la orientación del modelo productivo nacional, donde “el Estado conservará el control total de las actividades productivas que sean de valor estratégico para el desarrollo del país…”, estableciendo un modelo productivo socialista conformado básicamente por empresas de producción social (EPS), empresas del Estado y empresas capitalistas privadas. Se ha pretendido crear un modelo que tenga como centro esta “nueva economía social” con interconexión entre las EPS, las empresas del Estado y las empresas privadas, pero donde las dos primeras tengan supremacía. Incluso, no se descarta el surgimiento de empresas mixtas.

Para los años venideros puede esperarse la intención clara de darle continuidad al modelo económico anteriormente expuesto, siempre y cuando las rentas petroleras permitan mantener estas políticas socialmente convenientes, pero económicamente deficientes. El Ejecutivo va por un modelo donde el Estado tiene la supremacía, no solo como regulador, sino como agente económico relevante. Así lo demuestran sus avances en sectores como la agroindustria, banca, comercio, entre otros.

En este modelo, la propiedad privada existe, pero con un papel secundario y solo si permite que el Estado lleve las riendas. Lo que se avizora en el futuro puede resumirse en: un sector privado fuertemente regulado y con posibilidades escasas para crecer y expandirse. Hoy por hoy, el sector privado no tiene claro cuál es su papel en este nuevo modelo. Peor aún, existe un grupo importante que considera que este modelo lo excluye. Mientras esto ocurra, el sector privado continuará aletargado y no le imprimirá dinamismo a la economía.

Siempre hemos sostenido que en esta etapa, la política económica está supeditada a la viabilidad del modelo político. Si resulta Chávez reelecto, éste se va a enfrentar al mismo dilema de siempre: continuar con la profundización del nuevo modelo socialista, sin paralizar totalmente la actividad privada, ya que dicha actividad es todavía la más representativa. La decadencia del sector privado induce a un deterioro general del país, lo que se traduce en pérdida de apoyo para el presidente Chávez.

El talón de Aquiles de este modelo es que cuanto más profundice el avance del esquema socialista, mayor será el grado de vulnerabilidad del proyecto político del chavismo a largo plazo. Queda por ver qué está dispuesto a sacrificar el chavismo y, por ende, qué cambios se introducirán para evitar el colapso del país. Ya veremos.

Asdrúbal Oliveros es economista |@aroliveros

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