Yoani Sanchez

Pequinés albino --

Se podría hacer una historia social de Cuba de los últimos años a partir de sus perros, de esos animales que pueblan nuestras calles y nuestras casas

No solo por los cuidados o los maltratos que han recibido, sino también por las razas caninas que la gente ha elegido para compartir su día a día. Recuerdo que hace unos años llegó la moda de los dálmatas –imbuida por Disney con sus 101 cachorros– y después apareció la predilección por los chow chow que ya prácticamente no se encuentran. Confieso que mi delirio son los satos, los chuchos, los sin linaje. Tal vez porque mi falta de pedigrí y de abolengo me hace simpatizar con mascotas igual de ajenas a la genealogía. No obstante sigo con detenimiento cómo los estamentos sociales se expresan también en esos seres de cuatro patas, olfato aguzado y ladrido.

La urna, la camilla --

CUBA | Vamos a necesitar resucitar, renacer como sociedad y empezar a comportarnos como tal

Azulejos en las paredes, una mampara forrada en tela verde y una mesa metálica sobre la que normalmente se colocan jeringas y algodones. Así era el cubículo donde voté esta mañana para elegir al delegado a la Asamblea Municipal del Poder Popular. Ubicado en el interior de un consultorio médico que este domingo ha hecho las veces de colegio electoral para los vecinos de la zona. “Premonitorio”, pensé nada más quedarme a solas con mi boleta al lado del amplio fregadero donde se lavan los implementos hospitalarios. “Premonitorio” porque mi país está en el “coma” de la abulia y la apatía, y va a necesitar una reanimación profunda –casi una desfibrilación- para que los ciudadanos tengan real poder de decisión. En 36 años de creado el sistema electoral vigente, no nos ha convencido –ni una sola vez- de que representa al pueblo frente al poder, más bien nos hemos acostumbrado a todo lo contrario.

Reforma migratoria: alegrarse o conformarse --

Ahora en la propia confección y validación del pasaporte se definirá quiénes lograrán franquear las fronteras nacionales y quiénes no

A mi maleta se le gastaron las rueditas en cinco años de trasegar por la casa de una esquina a otra. La ropa interior que estaba guardada en el pequeño neceser perdió la tensión de los elásticos y el color se le desvaneció. Los boletos de avión que nunca utilicé se vencieron, después de posponerlos una y otra vez, para terminar en la basura. Mis amigos me despidieron en tantas ocasiones y en tantas ocasiones no me fui, que el adiós se volvió rutina. El gato hizo suyo aquel bolso de mano que jamás logró entrar en un avión y la perra mordisqueó los zapatos destinados a una gira que no pude emprender. La estampa de una “Virgen del buen Viaje”, que me regaló un amigo, tampoco resistió la prueba del tiempo y hasta el brillo de los ojos se le apagó.

Tres elecciones, un país --

El 54% de los venezolanos ha ratificado a Hugo Chávez como líder del país, el raulismo tiene entonces un respiro

¿Cómo es la voz de Henrique Capriles? me preguntó hace unos días un vecino. No supe decirle si era aflautada o firme, suave o enérgica, pues los medios de difusión cubanos evitan transmitirla. En su lugar, sólo hemos tenido la posibilidad de escuchar la gritería agitada de Hugo Chávez, los ataques verbales que lanzó a su joven contrincante durante la campaña presidencial. Así que esta mañana hemos visto al mandatario, que lleva ya 13 años en el poder, celebrando su nuevo triunfo electoral. Está claro que un nuevo sexenio para él es también una garantía de sobrevivencia para el gobierno de La Habana.

Rumpelstiltskin --

El sudor de aquellas tres mujeres que me metieron en un auto policial aún lo tengo pegado en la piel y bien adentro en las fosas nasales

Grandes, corpulentas, implacables, me llevaron hacia aquel cuarto donde no había ventanas y el deshecho ventilador sólo echaba fresco hacia ellas. Una me miraba con especial sorna. A lo mejor mi rostro le recordaba a alguien en el pasado: una adversaria en la escuela, una madre despótica, una amante perdida. No sé. Lo que sí recuerdo es que, en la tarde del 4 de octubre, su mirada quería destruirme. Fue ella la que hurgó bajo mi saya con mayor deleite, mientras otras dos uniformadas me agarraban para hacerme la “requisa”. Más que buscar algún objeto escondido, esa revisión perseguía el objetivo de dejarme con una sensación de violación, de indefensión, de estupro.

Me resistí y pagué las consecuencias --

Intentaron desnudarme al detenerme por querer ser observadora del juicio a Carromero

Me quisieron impedir llegar al juicio a Ángel Carromero. Alrededor de las cinco de la tarde del 4 de octubre, un amplio operativo a las afueras de la ciudad de Bayamo detuvo el auto en que viajábamos mi esposo y yo, junto a un amigo. “Ustedes quieren boicotear al tribunal”, nos dijo un hombre vestido completamente de verdeolivo, para inmediatamente proceder a detenernos. El operativo tenía las dimensiones de un arresto hecho contra una banda de narcotraficantes o de la captura de un prolijo asesino en serie. Pero en lugar de tan amenazantes personas, solo había tres individuos que deseaban participar de oyentes en un proceso judicial, asomarse al interior de la sala de un tribunal. Le habíamos creído al periódico Granma cuando publicó que el juicio era oral y público. Pero ya saben, Granma miente.

Que no vuelvo más…A Cuba --

Ser un ciudadano del siglo XXI no incluye sólo conectarse a Internet, tener derecho a la asociación y a la libre expresión, sino también un contacto cultural y musical acorde con la época

Festivales de Varadero, Girasoles Opina, Bossa Nova en La Habana… un desfile de artistas progresistas y talentosos recorrieron el país en los años sesenta, setenta y ochenta. Yo seguía sus temas más pegajosos e imitaba sus peinados y su ropa. Canturreaba aquello de “Quién le dijo que yo era risa siempre, nunca llanto…”, “Qué será, que será, que andan suspirando por las alcobas”, “Pedro Navaja, las manos siempre dentro del gabán”. Recuerdo que mi hermana se reía de mí y decía que yo tenía “pelo de brasileña” porque mi perfil recordaba a una lámpara de mesa, como el perfil de María Betania y otras tantas divas de aquel momento. ¡Me gustaba tanto esa comparación! Eran tiempos también de ver frecuentemente a Ana Belén y Víctor Manuel en los escenarios nacionales. Hasta “La Negra”, Mercedes Sosa, entonaba “Gracias a la vida” frente a los micrófonos del patio.

Mujica, el corte en la nariz y los baches de La Habana --

La historia de Pepe Mujica me hizo reflexionar sobre el divorcio que existe entre la forma de vida de los dirigentes y el pueblo en Cuba

Fue una chapa de techo volando al viento la que cortó en la nariz al presidente uruguayo José Mujica. Un trozo de metal que se desprendió, justo cuando ayudaba a un vecino a reforzar la cubierta del techo de su casa. La anécdota recorrió los medios y las redes sociales como un ejemplo de la sencillez de un mandatario conocido ya por su austero modo de vida. Ahí estaba él, como un campesino más, tratando de que el vendaval no se llevara las tejas de una vivienda cercana a la granja donde vive en Montevideo. Sin dudas, una anécdota cargada de enseñanzas que deberían imitar muchos otros gobernantes del mundo.

Aunque la vistan de nueva… Mesa Redonda se queda --

Pocos espacios televisivos han sido objeto de tantas burlas y parodias en Cuba como la Mesa Redonda. Este programa muestra el más alto grado de proselitismo político que se pueda encontrar en nuestros medios nacionales

Pocos espacios televisivos han sido objeto de tantas burlas y parodias en Cuba como la Mesa Redonda. Surgido al calor de la llamada Batalla de Ideas, este programa muestra el más alto grado de proselitismo político que se pueda encontrar en nuestros medios nacionales. Su principio fundamental es apabullar a la teleaudiencia con el criterio oficial, sin permitirle acceder a opiniones críticas o contrarias a éste. Denigrar a los inconformes, sin derecho a réplica, se erige entre las prácticas más repetidas en los micrófonos de tan aburrida transmisión. Todo esto basado en la premisa de que vivimos en “el paraíso” mientras el mundo se cae a pedazos por allá afuera.

Sobrevivir --

Antes de salir de casa de Martha Beatriz le aconsejé “tienes que sobrevivir, a este tipo de regímenes hay que sobrevivirlos”. Y me fui envuelta en esa culpa que debería sentir cada cubano ante un hecho tan triste

La luz es tenue, el cuarto estrecho y el murmullo de Santo Suárez se cuela a través de las paredes. Sobre la cama hay una mujer delgada hasta los huesos, con las manos tremendamente frías y la voz apenas audible. Martha Beatriz Roque se ha declarado en huelga de hambre hace una semana. Yo he llegado hasta ella envuelta en el apresuramiento de la cotidianidad y en la prisa de la información; pero su rostro tiene la calma que da el tiempo, la experiencia. Allí está, tan frágil como una niña pequeña que de tan leve podría cargar y arrullar sobre mis piernas. Me sorprende su claridad, la manera categórica con que me explica por qué se niega a probar alimentos. Cada palabra que logra pronunciar –de tan intensa- no parece salir de aquel cuerpo disminuido por el ayuno.