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	<title>El Politico &#187; Ricardo Escalante</title>
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	<description>Noticias y opinión de America Latina y Estados Unidos</description>
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		<title>¡Qué se vaya al mismísimo!</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Sep 2012 09:47:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>REDACCION</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ricardo Escalante]]></category>
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		<description><![CDATA[Con mi concepto erróneo pensaba que Humala no podía hacer otra cosa que condenar de manera irreversible al Perú a otro régimen de oscuridad y atraso como el de la Venezuela de Chávez]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Confieso que un acendrado rechazo al significado de la bota militar y a las autocracias de todo signo, muchas veces me ha empujado a tener percepciones exageradas frente a todo aquel que use o haya usado uniforme verde oliva. Y con esas aprensiones llegué a tener un juicio incorrecto contra Ollanta Humala, pero eso ha ocurrido también porque en América Latina los militares han causado estragos que deberían dar lugar a vergüenzas y arrepentimientos descomunales.<span id="more-101622"></span></p>
<p>Con mi concepto erróneo pensaba que Humala, ese militar con pasado golpista y violaciones a los derechos humanos, no podía hacer otra cosa que condenar de manera irreversible al Perú a otro régimen de oscuridad y atraso como el de la Venezuela de Hugo Chávez. Pero no ha sido así y me alegro de de la equivocación aunque, por supuesto, hay que reconocer que él también ha tomado decisiones inconvenientes y que sus chucutos planes sociales han erosionado su popularidad.</p>
<p>Amigo o desconocido lector, usted ahora se preguntará por qué carajos yo vengo ahora a hacer este acto público de contrición, si en realidad no tengo ni he tenido nada que ver con Perú y mis amigos peruanos se cuentan con los dedos de una mano. Ahh, muy sencillo: Porque Humala no ha arruinado la economía de su país con el propósito único de perpetuarse en el poder, no ha emprendido una ola de expropiaciones a diestra y siniestra, no ha promovido desde el gobierno bandas hamponiles para sembrar el caos, no ha dicho que modificará la Constitución para quedarse 50 años en el poder, no ha reblandecido los resortes morales de la justicia, no ha emprendido una campaña de aniquilación de los partidos políticos opositores, y por otras muchas razones. Por lo menos hasta ahora no ha hecho nada de eso.</p>
<p>Y como si lo anterior fuera poco, mi confesión está también animada por un hecho que en en nuestro ambiente tropical considero de importancia capital: el presidente Ollanta Humala ha puesto una raya roja entre su familia y cualquier intromisión indebida en los asuntos del Estado. Se ha distanciado de ellos y lo admite con una humildad que pudiera tener sabor de honestidad. ¿Será eso sincero y durará hasta el último día de su mandato? Ojalá.</p>
<p>En una entrevista televisada dijo que esperaba reconciliarse con su familia al terminar el gobierno. “El entorno familiar debe saber cuál es su papel y comportamiento cuando tienen (entre sus miembros) a un Presidente de la República”&#8230; Ahora bien, su hermano Alexis trató de enriquecerse de manera ilegal, metiendo la mano en la cosa pública, y otro hermano, Antauro, fue acusado de homicidio y está preso. Y aunque en la oposición hay dudas, hasta ahora nada prueba que el Presidente haya tratado de exculparlos. Y lo que me pregunto si Hugo Chávez podría actuar de la misma manera y decir lo mismo, a pesar de las tantas acusaciones que ha habido contra sus hermanos y contra su padre.</p>
<p>Ahh, y el detallito final es ese estímulo oficial a la delincuencia que con impunidad ha venido arrasando a la población venezolana. ¿Quién combate esas bandas de delincuentes armados que hoy “coordina” el ex alcalde Juan Barreto? Por cierto, ¿ya se olvidaron todas las irregularidades en que incurrió en el ejercicio de sus funciones públicas? Por eso entiendo y justifico que muchos griten “¡Que Chávez se vaya al mismísimo!”.</p>
<p><strong>RICARDO ESCALANTE &#8211; Informe 21 |<a href="mailto:ricardoescalante@yahoo.com" rel="nofollow">ricardoescalante@yahoo.com</a> |@ElPoliticoWeb</strong></p>
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		<title>El síndrome del perro</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Aug 2012 09:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>REDACCION</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ricardo Escalante]]></category>
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		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>

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		<description><![CDATA[Así como en Venezuela unos sólo elogian las bondades de Chávez mientras otros atacan su poder destructivo, los medios de EEUU dirigidos al público hispanoparlante son desesperantes ]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Escribir una columna semanal con temas de interés para los lectores no es fácil, sobre todo porque no vale la pena llover sobre mojado con ideas aburridas que muchos examinan cada semana con escasas variaciones. Algunos columnistas ahora lucen pesados, repetitivos, sin nada nuevo que comunicar, lo que les da un aire de afectados por el síndrome del perro que incansablemente persigue su cola, y eso es lo que ahora trato de evitar.<span id="more-92438"></span></p>
<p>Por eso esta vez me limito a contar qué y cómo hago para escribir mis artículos, razón suficiente para confesar que no elijo los temas y ni siquiera pienso en ellos. Salen solos, casi en el mismo momento en que me siento frente a la computadora y digo “llegó la hora, tengo que salir de esto porque asumí un compromiso con mis pocos lectores y no puedo ni debo defraudarlos”. No niego que debería investigar, analizar y pensar la mejor manera de transmitir enjundiosas ideas, pero, claro, la cosa es que tampoco nadie paga un solo dólar por publicarlas y lo hacen a manera de favor.</p>
<p>A veces, mientras estoy en algún sitio o converso con alguien surge algo que me hace pensar en un artículo, pero cuando llega el momento entonces ni siquiera lo considero importante o he olvidado el ángulo que antes me atraía. Así funciona la memoria y así es el ser humano y yo, por supuesto, ni soy ni puedo ser la excepción. Tampoco, aunque en verdad quisiera, puedo ser completamente original porque no a todos los temas se les puede dar la fuerza necesaria para capturar al lector. Además, tal como hace poco le comentaba a un buen amigo, el trabajo me exprime de tal manera las habilidades intelectuales, que cuando voy de regreso a casa no pienso en nada. Bueno, hay otros que jamás han pensado nada serio, como aquel poderoso teniente coronel que habla&#8230; No, no, mejor no sigo por ese camino porque hace apenas unas líneas había rechazado el síndrome del perro.</p>
<p>Una vez listo el borrador lo leo y hago los ajustes a que hubiere lugar, hasta el día siguiente por la mañana cuando le doy la segunda y definitiva lectura y, en este caso, procedo a enviarlo a El Diario de Caracas.</p>
<p>He explicado esto porque creo que así como en Venezuela unos sólo elogian las bondades de Chávez mientras otros atacan su poder destructivo, sin pensar en un mensaje eficiente y capaz que contribuya a salir del atolladero, igualmente digo con experiencia que los medios de Estados Unidos dirigidos al público de habla española son desesperantes porque un alto porcentaje de sus columnistas, analistas, reporteros, etc., exhiben un pésimo y hasta ofensivo manejo del idioma, además de que el asunto de su interés es casi exclusivamente el migratorio. Existen, claro está, las honrosas excepciones y existen publicaciones especializadas, además de ese importantísimo recurso que es internet, y que por fortuna me permite leer El País, de Madrid, The New York Times, The Sunday Times y otros periódicos que van más allá.</p>
<p><strong><a href="www.ricardoescalante.com" target="_blank">RICARDO ESCALANTE</a> &#8211; <a href="http://www.diariodecaracas.com/blog/ricardo-escalante/el-s%C3%ADndrome-del-perro" target="_blank">Diario de Caracas</a> |@ElPoliticoWeb</strong></p>
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		<title>Conciencia de escritor</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Aug 2012 09:45:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>REDACCION</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ricardo Escalante]]></category>
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		<category><![CDATA[Vargas Llosa]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo cierto es que los compromisos políticos o ideológicos de los intelectuales y los artistas, como parte innegable de la sociedad, deberían ser claros]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El compromiso social del escritor es un tema por siempre debatido y no por eso agotado. Escritores de todos los tiempos han asumido posiciones unas veces militantes, de condena a la injusticia y a la falta de libertad, mientras otros han preferido la comodidad del silencio o la identificación con figuras y regímenes arbitrarios. Pero, por supuesto, seguirá siendo impensable creer que un día se llegará a una conclusión definitiva o a una actitud única.<span id="more-91360"></span></p>
<p>Lo cierto es que los compromisos políticos o ideológicos de los intelectuales y los artistas, como parte innegable de la sociedad, deberían ser claros. En cualquier dirección política o ideológica, pero siempre de manera inequívoca.</p>
<p>Mario Vargas Llosa, en ese sentido, ha sido admirablemente beligerante. En la época en que creía en la izquierda no lo ocultaba y actuaba en consecuencia. Un buen día descubrió su equivocación y tampoco lo negó. Durante muchos años ha sido un pensador liberal y un sólido defensor de la pluralidad de pensamiento y de la libertad de los pueblos. Ni por un segundo cierra la boca (o guarda la pluma) para repudiar lo que pasa, por ejemplo, en Cuba, Venezuela, Argentina, Ecuador o Nicaragua.</p>
<p>El también admirable escritor (chileno) Jorge Edwards hace poco firmó precisamente con Vargas Llosa, un documento respaldado por otros intelectuales, llamando a la concordia en Chile y Perú ante al proceso que inexorablemente conducirá a un fallo internacional en La Haya, por una larga y amarga disputa sobre fronteras marítimas. Y lo hicieron para tratar de evitar explosiones de nacionalismos a ultranza.</p>
<p>El autor de La región más transparente y de La muerte de Artemio Cruz, Carlos Fuentes, era otro buen ejemplo del escritor consciente de su función social. Se dedicaba no solo a la literatura, sino también a los problemas mexicanos y latinoamericanos y su voz era orientadora. Una vez dijo que Hugo Chávez tenía un basurero en su cabeza y a Venezuela le esperaban tiempos sombríos, otra describió a Peña Nieto como un ignorante que no merecía ser presidente de México porque carecía de capacidad para dialogar con líderes mundiales.</p>
<p>También ha habido, por supuesto, casos lamentables de intelectuales que han acariciado o abrazado totalitarismos. En forma incomprensible, el gran maestro de la literatura latinoamericana Jorge Luis Borges Borges, cuando nadie lo esperaba visitó en 1976 al brutal dictador Augusto Pinochet y le hizo indelebles elogios. Entre otras cosas dijo: “Es un honor inmerecido ser recibido por usted, señor Presidente… En Argentina, Chile y Uruguay se están salvando la libertad y el orden”…</p>
<p>Y, por supuesto, está el caso especial del genial Gabriel García Márquez, que en una época recorrió los países de la cortina de hierro y escribió un extenso reportaje sobre la petrificación del sistema comunista y sus procedimientos para conculcar las libertades individuales, pero con el paso de los años él tuvo una evolución difícil de entender frente al también gobierno comunista cubano y los más de seis mil fusilamientos y desapariciones forzadas. Entabló una sólida amistad con el dictador Fidel Castro, a quien visitaba con regularidad, y nunca lo condenó ni le exigió una apertura democrática. Luego de una reunión con Castro, Hugo Chávez y Andrés Pastrana en La Habana, acompañó al mandatario venezolano en su regreso a Caracas y escribió un artículo concediéndole el beneficio de la duda que apenas se disponía a gobernar. Y una vez que lo publicó, olvidó el tema para siempre.</p>
<p><strong>RICARDO ESCALANTE |@ElPoliticoWeb</strong></p>
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		<title>¡Plinio, Gabo, Fidel y Dios!</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jul 2012 09:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>REDACCION</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La locura senil de Gabriel García Márquez pudiera servir para reflexiones sobre el escritor y también sobre la pérdida de memoria colectiva que consume a ciertos pueblos]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La locura senil de Gabriel García Márquez, aunque algunos siguen creyendo que solo está un poco olvidadizo a pesar de la contundente descripción hecha por su hermano menor, Jaime, pudiera servir para reflexiones sobre el escritor y también sobre la pérdida de memoria colectiva que consume a ciertos pueblos.<span id="more-89945"></span></p>
<p>En medio de la locura genial de muchos personajes del Premio Nobel, hay también detalles de una realidad que valdría la pena recordar porque en nada se alejan de lo novelesco, relacionados a veces con hechos y protagonistas de primera fila en la política continental. Ahí está, por ejemplo, su vieja y estrecha relación con Fidel Castro, sobre lo cual existen testimonios irrefutables como el de Plinio Apuleyo Mendoza.</p>
<p>Voy ahora a lo que debí haber dicho en la primera línea: Es un bonito domingo soleado y estoy solo, estado ideal para hurgar entre mis pocos libros viejos, entre los cuales descubro uno de Plinio Apuleyo Mendoza publicado por Plaza &amp; Janés Editores en el año 2000: Aquellos tiempos con Gabo. Hallazgo de un García Márquez desconocido. Lo había leído cuando salió a la venta, pero ahora lo encuentro además de cautivante muy apropiado para los tiempos corren en América Latina.</p>
<p>Es un apasionado relato de las experiencias que GGM y Mendoza vivieron como reporteros en buena parte del Continente, y me atraen particularmente las referidas a la época en que desayunaban, almorzaban y cenaban juntos en Caracas, mientras trabajaban para la revista Momento y presenciaron la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, y, luego, los vínculos que desarrollaron con Cuba en los inicios del régimen de Fidel Castro. Nadie como Mendoza ha conocido y querido a García Márquez como hermano, razón suficiente para que sienta como propios los éxitos cosechados por éste.</p>
<p>Uno de los recuerdos melancólicos y dramáticos del libro es la descripción de la entrada del aparato comunista a las oficinas de la agencia Prensa Latina -en la cual ambos laboraban-, para instalarse con sus espías y censores que controlarían cada palabra, cada análisis y cada acto de los periodistas. “La experiencia vivida conmigo en Cuba está para él profundamente disociada de su actual visión política”, decía Mendoza con un delicado lenguaje con sabor a reproche y explicación, aunque no de condena.</p>
<p>“Lo que él vio entonces, uno de los tentáculos de la burocracia apoderándose de Prensa Latina, tiene el peso de una anécdota y no de una parábola; para él este problema lo habría resuelto Fidel. Desde luego, yo veo las cosas de otro modo. Para mí aquello fue síntoma alarmante de una profunda y peligrosa distorsión política”…</p>
<p>La postura obsecuente de García Márquez frente a Fidel Castro, es interpretada por Mendoza como algo pintoresco que casi forma parte de las novelas del Gabo: “Con él, con el caudillo, con su aventura de soledad y poder, con su destino inmenso y triste de dispensador de dicha e infortunios (tan parecido a Dios) es solidario. En esa perspectiva debe situarse su adhesión a Fidel. Fidel se parece a sus más constantes criaturas literarias, a los fantasmas en los que él se proyecta, con los cuales identifica su destino”…</p>
<p>Magnífico testimonio ese de Plinio Apuleyo Mendoza. García Márquez, sin embargo, nunca quiso abordar el tema abiertamente, rechazó la idea de justificar el irresistible atractivo que siempre encontró en el tirano, y nos quedamos esperando el segundo tomo de sus memorias, que lo comprometían a abordar sus nexos con polémicas figuras políticas. No lo hizo y ya no lo hará.</p>
<p><strong><a href="www.ricardoescalante.com" target="_blank">RICARDO ESCALANTE</a> |@ElPoliticoWeb </strong></p>
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		<title>México, elecciones y desconcierto</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Jun 2012 09:18:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>REDACCION</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En este momento no hay elementos suficientes para pensar que a corto plazo México podrá servir de punto de equilibrio, de moderación o contrapeso frente a Hugo Chávez]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las elecciones mexicanas de este domingo primero de julio marcarán el retorno del Partido Revolucionario Institucional (<strong>PRI</strong>) al gobierno y con él se abrirán grandes incógnitas sobre la estabilidad de las instituciones de un país grande en términos territoriales y de población, inseguro y con una cada vez más debilitada influencia internacional.<span id="more-82253"></span></p>
<p>Cuando escribo esto faltan apenas unas horas para el inminente triunfo del candidato priísta Enrique Peña Nieto, después de dos períodos consecutivos del Partido de Acción Nacional (<strong>PAN</strong>) en la Presidencia de la República. Hace doce años nadie podía pensar que el PRI, luego 70 años de poder hegemónico y vicios, tendría capacidad para reorganizarse y agarrar otra vez las riendas del país azteca. Nadie apostaba un centavo a que eso ocurriera y, sin embargo, ahí está.</p>
<p>Ese regreso no es fruto de especiales cualidades de liderazgo de <strong>Peña Nieto</strong>, sino la consecuencia de promesas incumplidas de los gobiernos de centro derecha de <strong>Vicente Fox y Felipe Calderón</strong>, de una inseguridad galopante que recuerda la peor era colombiana del narcotráfico y, además, el resultado de la ausencia de opciones sólidas: <strong>Andrés López Obrador</strong>, candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), es un demagogo con arranques de intemperancia, con un pasado de simpatías chavistas y hasta de desconocimiento del triunfo del presidente Calderón, mientras la señora <strong>Josefina Vásquez Mota,</strong> del PAN, ha tenido que cargar con el desprestigio de la administración de Calderón y con el rechazo de Fox, que ahora apoyaba lo que en sus mejores tiempos combatía: el PRI.</p>
<p>Atado a poderosos intereses económicos y con acusaciones de falta de probidad, Peña Nieto llega a la Presidencia mexicana cuando el régimen venezolano todavía despierta simpatías importantes e inocultables en la región y ha desatado una preocupante carrera armamentista. La solidaridad desarrollada a través de Petrocaribe y la promoción de gobiernos autoritarios financiados directamente desde Caracas, han alimentado silencios y complicidades a pesar del riesgo de un conflicto militar. Brasil, entretanto, ha cosechado un impactante crecimiento económico y algunos resultados positivos en sus políticas internas, pero en su política internacional ha coqueteado con <strong>Chávez</strong> para lograr negocios para sus empresas.</p>
<p>En este momento no hay elementos suficientes para pensar que a corto plazo México podrá servir de punto de equilibrio, de moderación o contrapeso frente a Hugo Chávez. En estos últimos años los mexicanos se han sumido en violencia y en problemas sociales tan agudos, que por el bien de México y de América Latina, no queda otra posibilidad que desearle el mejor de los éxitos al enigmático Peña Nieto. ¿Lo hará bien?</p>
<p><strong><a href="www.ricardoescalante.com" target="_blank">RICARDO ESCALANTE</a> |<a href="mailto:Ricardoescalante@yahoo.com" rel="nofollow">Ricardoescalante@yahoo.com</a> |@ElPoliticoWeb</strong></p>
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		<title>Razones para preocuparse</title>
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		<pubDate>Thu, 31 May 2012 09:33:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>REDACCION</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ricardo Escalante]]></category>
		<category><![CDATA[capriles]]></category>
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		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>

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		<description><![CDATA[En Venezuela ha surgido una sociedad de holgazanes dentro de la propia sociedad, como sustento de un proyecto político]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La candidatura presidencial de Henrique Capriles presenta debilidades que no podrían atribuirse ni a un solo factor ni a un solo personaje,</strong> que deberían ser examinadas como la consecuencia de vicios y errores propios y ajenos tan graves como para no formarse falsas ilusiones.<span id="more-74816"></span></p>
<p>Ponderar el desenvolvimiento del joven candidato significa, en primer lugar, echar un vistazo al país para constatar que no se trata de una lucha sencilla, porque en los últimos trece años ha ocurrido una alteración valores ciudadanos que ha acostumbrado a buena parte de los sectores populares venezolanos a las dádivas del gobierno. Hay quienes han dejado de trabajar y hasta de estudiar para vivir de las “misiones sociales”, al asegurar ingresos suficientes para comer y tomar algunas cervezas los sábados.<strong> Ha surgido una sociedad de holgazanes dentro de la sociedad venezolana, como sustento de un proyecto político.</strong></p>
<p>No es fácil convencer a esos venezolanos de la necesidad de emprender tareas productivas y de que, al mismo tiempo, ellos han venido siendo utilizados políticamente por un gobierno que dilapida recursos que son propiedad de todos. Resulta obvio que buena parte de los estratos D y E de la población se siente representada por el presidente Chávez y sus políticas y, en consecuencia, no es fácil luchar contra eso. Como si fuera poco, con <strong>Chávez</strong> dejó de existir la separación de poderes y reina el uso gubernamental abusivo de los medios de comunicación.</p>
<p>Partiendo de ese hecho incontrastable, se presume entonces que el candidato opositor y su comando han tenido a mano minuciosos estudios del fenómeno como herramienta básica para diseñar una estrategia electoral eficiente, un mensaje capaz de llegar a los desposeídos y de atraer a quienes estiman bueno al régimen chavista porque dilapida.</p>
<p>Frente a tales consideraciones es necesario preguntarse: ¿La campaña de Capriles se fundamenta en estudios de ese tipo? ¿Tiene él los mejores asesores electorales y los toma en cuenta? ¿Durante la precampaña se hicieron estudios sobre la fragilidad de su discurso y las formas de corregirlas sobre la marcha? ¿Capriles evalúa de manera constante su propio desempeño y hace los ajustes necesarios? ¿Ha aglutinado a toda la oposición o, por el contrario, ha alejado aliados fundamentales? Las respuestas son, por supuesto, un secreto de Capriles y sus allegados.</p>
<p>Hay, igualmente, elementos de fondo que afectan la conducta de las organizaciones políticas opositoras: Transmiten la sensación de participar con reservas en la campaña electoral, movidas por intereses parciales que, en el supuesto de una victoria electoral de Capriles, desde el primer día colocarían al nuevo gobierno en situación de minusvalía. ¿Podrá sostenerse un gobierno en circunstancias tan difíciles? Alcanzar el máximo nivel de conocimiento de un candidato en la población toma tiempo y grandes sumas de dinero, a pesar de lo cual los partidos se entramparon en un conflicto para demorar la selección del abanderado en la creencia de que sacarían ventajas. Chávez, entretanto, ha utilizado todos los mecanismos posibles a su favor.</p>
<p><strong>Henrique Capriles hace un encomiable esfuerzo y quienes estén en desacuerdo con el curso de los acontecimientos nacionales tendrán que votar por él</strong> y, por supuesto, sería imperdonable que hubiera partidos que actuaran como lo hicieron AD y COPEI cuando faltaban menos de dos semanas para las elecciones presidenciales que ganó Hugo Chávez en 1998. Todavía está fresco el arreglo o, mejor, la metedura de pata, de su renuncia a las candidaturas de Luis Alfaro Ucero e Irene Sáez, para terminar ayudando a Chávez por vía indirecta.</p>
<p><strong><a href="http://elpolitico.com/cms/wp-content/themes/elpolitico/www.ricardoescalante.com" target="_blank">RICARDO ESCALANTE </a>|<strong>ricardoescalante@yahoo.com |</strong>@ElPoliticoWeb</strong></p>
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		<title>I call you back</title>
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		<pubDate>Sun, 06 May 2012 12:09:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>REDACCION</dc:creator>
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		<category><![CDATA[la habana]]></category>

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		<description><![CDATA[Una llamada desde el país de los Castro, un intento de denunciar la corrupción en La Habana]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Dormía plácidamente a las dos de la madrugada cuando esa bella dominicana que es tanto ama de llaves como mi siempre amorosa secretaria privada, con su voz sensual repetía “levántate, levántate. Te llaman desde La Habana”.  Confundido y todavía medio dormido le pregunto qué pasa, quién puede ser a esa hora, y ella con su voz sensual responde: “No sé. No sé, pero creo que es urgente”.<span id="more-67841"></span></p>
<p>Mientras caminaba hacia el teléfono, yo pensaba: “Hugo no puede ser, porque ya él leyó mi libro <em>Un país de culpas</em> y no le gustó. Lo encontró aborrecible.  ¿Tal vez sea Raúl, pero quién pudo darle mi número privado?”. Ansioso agarro el auricular y escucho la inconfundible voz del amigo con quien yo solía tomar unas cervezas en el pub de Londres donde Humphrey Littleton tocaba blues y jazz.  “¡No joda, chico! ¡A quién se le ocurre llamar a esta hora por pendejadas!”.</p>
<p>“Ningunas pendejadas. Te llamo porque esto es grave y va más allá del asunto existencial de Hugo”, me ataja el invariable inglés con su dosis de arrogancia. Eso que algunos llaman flema pero que en su caso es aun peor. Luego me dice que había viajado a Cuba al tener noticias de que en el hospital que conocen como Cimeq, ahora existe una réplica del despacho presidencial de Miraflores. Es igualito, con frescos en las paredes, jarrones en los rincones y todo lo demás, y ahí se habla de política y de mucho petróleo, de cuotas en el mercado spot, precios internacionales, etc.</p>
<p>“Vine porque quiero colocar una cuota  de crudo Bachaquero en los mercados de Rotterdam y Londres.  Tú sabes, con cierta discreción”. Lo interrumpí para aclararle que no, que nunca he tenido nada que ver con cosas turbias.  “Sí. Sí. Tú sabes, porque en Venezuela eso se habla en las calles, en los bares, en lujosos prostíbulos. Pero bueno, te desperté para contarte que escondido en los jardines del Cimeq, pude contactar a alguien cercano al rojo rojito alto, pelo blanco, de sospechosa voz aterciopelada.  Estoy alarmado. Yo quería discutir la cantidad de barriles, eso que llaman grados API, puertos de embarque, pero no pude avanzar.  La cosa se atascó pronto porque solo buscaban saber cuánto había pa´ eso.  “Lo mío es cash en maletas, en Singapur, en Taiwan, en Moscú”.</p>
<p>Le advertí al británico que tratar esos temas por teléfono era riesgoso para su vida y le recordé la suerte de quienes se habían atrevido a denunciar la corrupción en La Habana, pero él ripostó que llamaba desde un minúsculo aparato que funciona con un número local de Indonesia. Le comenté la inconveniencia de lanzar al voleo denuncias sin fundamento, pero me paró en seco con algunos “detallitos”:</p>
<p>“¿No sabes que entre 2005 y 2008 Venezuela compró 6.340 millones de dólares en bonos de la deuda argentina? Esos bonos dejaron una cifra astronómica de dólares que llenaron bolsillos venezolanos y argentinos. ¿Sabías que eso se hacía desde Pdvsa y en el mercado paralelo? Investiga quién es el cuñado rojo rojito que estaba detrás de eso…  Investiga quién es el petrolero que multiplicó su fortuna durante los dos meses de la huelga petrolera de 2002 haciendo despachos para cubrir ciertos contratos.  ¿Ahh, y qué me dices del superbanquero que cayó preso al entrar en conflicto con un miembro de la familia “chá, chá, chá” y con otro rojito que ahora aspira la sucesión?. Tengo, por cierto, gravísimos datos sobre narcotraficantes incrustados en el poder en Cuba y en Venezuela, pero ahora no te los doy porque veo que tienes sueño”&#8230;</p>
<p>Otra vez le recomendé a mi amigo que bajara la voz porque esas cosas podían estar siendo escuchadas por el G-2 y por la DIM, que ahora son lo mismo, aunque en honor a la verdad en ese momento me interesaba conocer más.  Yo quería saber quién le suministra tanta y tan buena información, pero se negó a revelar sus fuentes. “ Shhh. Shhh. Alguien se acerca, alguien se acerca. I call you back”.</p>
<p>Ya iban a ser las tres de la madrugada y en la casa todo estaba en penumbras. Suelto el auricular dispuesto a reemprender el sueño, doy media vuelta y alcanzo a ver esa irresistible silueta de mi amorosa secretaria privada siempre lista para todo. Ella me mira, bosteza y me hace señas…</p>
<p><strong><a href="www.ricardoescalante.com  " target="_blank">RICARDO ESCALANTE </a>|<strong>ricardoescalante@yahoo.com |</strong>@ElPoliticoWeb</strong></p>
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		<title>¡Cómprate un iPad!</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Apr 2012 09:17:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>REDACCION</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ricardo Escalante]]></category>
		<category><![CDATA[Chávez]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Escalante]]></category>
		<category><![CDATA[twitter]]></category>

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		<description><![CDATA[“Hugo I” gobierna con los 140 caracteres de Twitter, que maneja muy bien con su iPad desde La Habana y en sus cortos viajes de reposo en Caracas”…]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En las pocas horas de una escala en Houston del vuelo que lo llevaba de regreso a Londres, me hace una llamada telefónica el viejo amigo británico sobre quien hacía unas semanas yo había escrito un artículo aunque sin citar su nombre, y lo hace para decirme que había leído “ciertos irónicos comentarios” en los cuales él se sentía retratado de cuerpo entero. De entrada me dijo: “Tu sabes que con mi iPad todo está bajo control”…<span id="more-66347"></span></p>
<p>Después de un par de frases que parecían admonitorias sobre aquello que entonces publiqué, el inglés con esos aires de suficiencia que nunca puede disimular, le imprimió un rápido y posiblemente premeditado giro a sus palabras para hablarme sobre la inconveniencia de algunas monarquías a estas alturas del siglo XXI. Y digo algunas porque después sus ácidas críticas, de todas maneras parecía justificar la bien rancia de su país.</p>
<p>Tuve la sensación de que sus baterías se enfilaban contra ese Rey mata-elefantes que hacía poco había armado un escándalo con su acariciado rifle, para después salir con cara de yo no fui a prometer que no seguiría en su atrocidad. El mismo Rey que ha dejado un halo de dudas permisivas frente al yerno a quien le gusta aprovecharse de las arcas del Estado. Por eso, antes de que la perorata de mi amigo agarrara vuelo, lo detuve para preguntarle cuánto le cuesta a los británicos sostener la felicidad de una familia real que, como si fuera poco, es la más adinerada del Reino.</p>
<p>“Tengo que actualizar las cifras con mi iPad, pero sé que ya en el 2005 ellos nos costaban 55.2 millones de euros y la relación costo-beneficio era alta, pero”… Con su pero trataba de insinuar que la Reina es un símbolo de los valores tradicionales y morales, aunque al mismo tiempo bajaba el tono de voz para recordar que el Príncipe Carlos hizo el inolvidable gasto de más 127 mil euros solo para asistir a las exequias de Ronald Reagan en 2004. “Bueno, hay también muchos otros detalles de reciente data que mejor no te cuento”…</p>
<p>Yo me sentía en ventaja esta vez para decirle al inglés que afortunadamente los venezolanos no teníamos ese problema de la añeja familia real, pero ahí la cosa cambió: “¡Ahora no me vengas a hablar bien de “Hugo I”! La “familia real” de ustedes va más allá. ¿Quién controla sus abusos? ¿Y qué me dices de la doble moral de esa corte de ministros ladrones? “Hugo I” gobierna con los 140 caracteres de Twitter, que maneja muy bien con su iPad desde La Habana y en sus cortos viajes de reposo en Caracas”…</p>
<p>Luego de un breve silencio y desarmado por esas frases apabullantes, apenas pude balbucear algo casi como para despedirme, mientras mi amigo ahora trataba de suavizar sus conceptos hablándome de las virtudes de la última versión del iPad. “Ya escucho las turbinas de mi avión, pero te recuerdo que así como la heredera de la corona noruega, la princesa Märtha Louise, se comunica mentalmente con los caballos y sostiene sublimes diálogos con los ángeles, “Hugo I” lo hace todas las noches con los espíritus de Simón Bolívar e Idi Amin Dadá, En sus viajes nocturnos al más allá, él sienta a Bolívar, a Idi Amin y a Gadaffi en una misma mesa. ¡Cómprate un IPad y escribe sobre eso!”… Completamente desconcertado, ahora yo quería que me explicara eso de Idi Amin, pero el ruido de las turbinas me dejó repitiendo ¿alo?, ¿aló?, ¿aló?</p>
<p><strong><a href="www.ricardoescalante.com" target="_blank">RICARDO ESCALANTE</a> |<strong>ricardoescalante@yahoo.com |</strong>@ElPoliticoWeb</strong></p>
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		<title>Vuelta a la infancia</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Apr 2012 10:00:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>roger</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ricardo Escalante]]></category>
		<category><![CDATA[Amos Oz]]></category>
		<category><![CDATA[dictaduras]]></category>
		<category><![CDATA[Escalante]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>

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		<description><![CDATA[Aunque conceptualmente hay grandes diferencias entre las dictaduras de derecha y las de izquierda, para mí siempre representan lo mismo]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Con un enorme retardo en mi vida he comenzado a leer a ese delicioso escritor hebreo Amos Oz, y lo he hecho con <em>Una historia de amor y oscuridad</em>, un voluminoso libro autobiográfico cuyos relatos inevitablemente me han llevado a reflexionar sobre mi vida, lo que he sido y lo que he dejado de hacer. Y lo confieso con la tristeza de saber que ya no puedo dar marcha atrás.<span id="more-64983"></span></p>
<p>A través de su obra, Amos Oz narra cómo en medio de las privaciones, sufrimientos y felicidades del seno familiar, desde temprano se apegó a los libros y trataba a veces de encontrar soluciones a situaciones irremediables pero que, al mismo tiempo, ya mostraban disciplina para encausar el razonamiento. Explica los mecanismos de su ingenuidad infantil en la búsqueda de lo sublime.</p>
<p>Y aunque nada hay en que pueda parecerme al erudito señor Oz y tampoco lo pretendo, con <em>Una historia de amor y oscuridad</em> repentinamente me descubro repasando algunos momentos de la infancia que me marcaron de manera definitiva. Uno ocurrió cuando a mis once años, al salir de la escuela yo iba a trabajar al taller de carpintería que mi padre tenía en la Carrera 8 de San Cristóbal, a pocos pasos de la Plaza Bolívar, donde en las tardes ocurrían las tertulias de un pequeño grupo de paisanos.</p>
<p>Uno de los asistentes regulares era un amigo de mi padre que el 23 de enero de 1958 había salido de los calabozos de la Seguridad Nacional en Caracas y con gran alborozo había celebrado la caída del brutal dictador Marcos Pérez Jiménez, para luego ir a vivir al Táchira. Ese señor recordaba incluso los nombres de sus verdugos, que le arrancaban las uñas, le aplicaban descargas eléctricas en los testículos hasta dejarlo inconsciente, lo paraban descalzo sobre rines de autos, le quemaban el rostro y los brazos con cigarrillos. Caminaba con grave dificultad porque le habían roto los huesos de la cadera y de las piernas a golpes, sin que médico alguno lo atendiera porque la crueldad lo impedía.</p>
<p>Esas descripciones y los relatos de la persecución policial a causa de sus luchas políticas, me mantenían en vilo y me hicieron rechazar desde temprano el significado de la bota militar. Un buen día mi padre recibió la llamada en la cual le informaron el suicidio de aquel señor que había pagado un alto precio por razones de conciencia. La dictadura militar de derecha le había despedazado todo aliciente de vivir. Ya nada tenía sentido.</p>
<p>Desde entonces he experimentado un cada vez mayor desprecio por los regímenes militares y militaristas, porque siempre conducen a procedimientos de represión y otros abusos que invariablemente tratan de disfrazar con caretas electorales. Y aunque conceptualmente hay grandes diferencias entre las dictaduras de derecha y las de izquierda, para mí siempre representan lo mismo y de manera natural digo ¡No! Por eso ahora, a medida que avanzo en la obra de Amos Oz, me resulta imposible no recordar a aquel amigo de mi padre.</p>
<p><strong>Ricardo Escalante, ricardoescalante@yahoo.com | @ElPoliticoWeb</strong></p>
<p>www.ricardoescalante.com</p>
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