Desde el atril contra todos --
El ataque de Cristina Fernández a la prensa crítica sirve para distraer la atención sobre los verdaderos problemas de los argentinos, como la inflación y la inseguridad
Al atacar a un periodista, a un agente inmobiliario o a un abuelo que compró dólares para regalarle a su nieto, la Presidenta habla desde una presunta superioridad moral que, por cierto, no parece tener. Para empezar, las sospechas sobre el desmesurado enriquecimiento del ex presidente fallecido, Néstor Kirchner, y de Ella misma, seguirán latentes, hasta que alguien, desde la justicia federal, se digne a reabrir o a volver a investigar, porqué la fortuna de ambos pasó de 18 millones a 47 millones de pesos entre 2007 y 2008. Es decir: cómo hicieron para aumentar su patrimonio un 158 por ciento en apenas un año. Cómo se recordará, la investigación fue cerrada en tiempo récord y de manera escandalosa por el juez Norberto Oyarbide, a pesar de las decenas de inconsistencias que detectó un perito de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas. Entre las más evidentes, se encuentran: la carencia de documentación respaldatoria de operaciones financieras, depósitos a plazo fijo, resúmenes de cuentas corrientes y gastos de tarjeta de crédito; los intereses exorbitantes y fuera de mercado que habrían logrado tanto en los plazos fijos en dólares como en pesos; la aparición sorpresiva de deudas millonarias que no fueron debidamente informadas ni registradas; el cobro de un alquiler multimillonario para un hotel de muy pocas habitaciones y que permanece inactivo una buena parte del año por parte de un empresario que tiene millonarios contratos con el Estado; la compra a precio vil de terrenos fiscales en El Calafate sin cumplir los procedimientos que indican la ley de ética pública.






