Abel Ibarra

La serie mundial de béisbol --

ESCRIBIDERAS | Acaba de arrancar la Serie Mundial de Béisbol con su alegría de meta mundo

Una luz de Vía Láctea y neón hace tábula rasa de las emociones que cada hijo de vecino llevó al estadium, con el corazón inclinado hacia su equipo preferencial. La grama, que la gente fina llama césped y los gringos cortan con el cuchillo del “grass” tajante y democrático, reposa, inánime, a la espera de que se haga el prodigio de los peloteros que la fatigarán con el mismo desafío del primer mono que tuvo el descaro de pisar en la tierra con dos pies. Los uniformes llenan de colores el terreno por su instinto de banderas, para levantarle la autoestima a la chatura de la vida cotidiana y quebrar el acero de la rutina, porque, según Neruda, “pasan días iguales persiguiéndose”.

Democracia en América --

Es éste un tiempo angosto porque el mundo está cambiando y, aturdido, se recuesta de su lado más flaco hasta que pueda coger impulso nuevamente

Aparte de ser el título de un libro de Alexis de Tocqueville, Democracia en América es un axioma que señala la esencia cultural, es decir, la manera cómo se existe, en este país generoso pero competitivo que escogimos para vivir. ¿Por qué? Hay muchas razones, pero nos contentamos por el momento con lo que dijeron próceres y poetas cuando le pusieron pulmón igualitario a este territorio que nació entre sueños que sangran. Próceres y poetas se igualan cuando pugnan por el mismo espíritu libertario que convierten en acto plural, para que la gente camine por calles de una raigambre comunitaria. Los padres fundadores (la lista es larga) se metieron entre pecho y espalda, alma y corazón, el terco argumento del bienestar común y los poetas le pusieron la música de las palabras para que sonara bien en los oídos de todos.

Venezuela, la victoria y la derrota --

Los venezolanos del exilio perdimos y ganamos, pero no lograron humillarnos

El presidente Kennedy decía que la victoria tiene mil padres y la derrota es huérfana. Rudyard Kipling, en su poema “Si”, del si condicional, nombraba ambas como “esos dos impostores”. ¿Por qué? Sencillamente porque toda victoria es efímera y toda derrota circunstancial, si se piensa que la vida continúa siempre tras un nuevo desafío. No es optimismo ciego. En estos momentos de sequía emocional por los sucesos electorales del 7 de octubre (que no resultan un descalabro), también se me viene a la memoria Winston Churchill, quien afirmó, palabras más, palabras menos, que el fracaso no es más que un paso en el camino hacia la victoria. Churchill sólo le ofreció a su país sangre, sudor y lágrimas, en un momento duro como el pan de ayer.

En Venezuela no hay miedo --

Estamos a punto de salir de la pesadilla en la que nos hundimos durante catorce años

Vamos como la gente que se ha vuelto multitud épica para levantar la mano victoriosa de un muchacho nacido de su propia piel.

El ciudadano Caín --

El primer Caín revive de vez en cuando entre los mortales reencarnado en “The citizen Kane” de Orson Wells, o, en este sub ciudadano Caín, cuya egolatría no le cabe en la palma de la mano con que extorsiona

El ciudadano Caín es una versión parroquiana, tropical y menguante de “El ciudadano Kane”. Orson Wells escribió el guión, dirigió la película y encarnó la parábola perversa de William Randolph Hearst, el editor que tiñó su búsqueda frenética de poder y dinero con la tinta del chantaje y la extorsión. Para el ciudadano Caín bastan unas pocas líneas porque su labor de zapa periodística y sus arrestos de fablistán pendenciero con un semanario en Miami, no alcanzan, ni por asomo, las dimensiones del imperio comunicacional creado por Kane, por una sencilla razón, el Caín que nos atañe no tiene el talento del original a pesar de que se le iguala en su falta de escrúpulos.

La guerra sucia --

Hoy el gobierno de Chávez no tiene más remedio que apelar a su expediente de podredumbre para tratar de enlodar la campaña luminosa que ha puesto a Capriles Radonski en el camino de la victoria

“El adjetivo, cuando no da vida, mata”, decía el poeta Vicente Huidobro. Tal ocurre en el caso de la “guerra sucia”, una contradictio in terminis, un oxímoron, porque nadie puede imaginar ninguna guerra, siempre manchada de sangre y pólvora, como un intercambio de flores inocentes. El gobierno de Hugo Chávez, afincado en su afición por el terror, lanzó aquella consigna fatídica de “Patria, socialismo o muerte”, y, ahora, aturdido por el vértigo de un régimen que toca a su fin, no tiene más remedio que apelar a su expediente de podredumbre para tratar de enlodar infructuosamente la campaña luminosa que ha puesto a Henrique Capriles Radonski en el camino de la victoria.

Aliados de Chávez --

ABEL IBARRA | El presidente saliente compra voluntades y se contenta con amarrarse a cadenas televisivas, empastelado de maquillaje, para hacer chistes malos que sólo sus ministros ríen por miedo

Henrique Capriles Radonski y la Venezuela del futuro están ganando las elecciones. Las encuestas serias, los exit poll realizados el día del simulacro de votación, los actos masivos en todas las regiones, la atmósfera de entusiasmo que se respira en la calle y la desesperación del gobierno, así lo confirman. Mientras el flaco recorre incansablemente el país y la gente acude en masa a su encuentro, el Chávez saliente se contenta con amarrarse a cadenas televisivas, empastelado de maquillaje, para hacer chistes malos que sólo sus ministros ríen por miedo. Sale del estudio improvisado junto a su cuarto de terapia intensiva para que no camine mucho, y se encierra con los cubanos en la sala situacional (contigua al estudio de TV) a diseñar una fallida guerra sucia que termina resbalando como el lodo al drenaje cuando la lluvia cesa.

Capriles Radonski y la civilización --

ABEL IBARRA | Henrique Capriles Radonski se metió en el corazón de la gente como un latido nuevo para decirle que sí hay un camino…

Venezuela dio con Hugo Chávez un salto atrás hacia la antinomia que creíamos superada de civilización y barbarie. Rómulo Gallegos, nuestro primer presidente democrático, por más señas el narrador venezolano de mayor relieve de todos cuantos han fatigado páginas para escribir libros, fue quien hurgó con sus novelas en las dos categorías irreconciliables y excluyentes. Pero es en “Doña Bárbara”, prontuario y símbolo de la rapiña y el abigeato político, donde queda denunciado el primitivismo que alcanzó su expresión más devastadora con la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Gabriela Montero: Ex Patria --

No es cierto que la música académica tenga que ser antiséptica como quieren los pontífices del “arte por el arte”. Eso lo demuestra una pianista venezolana combativa del régimen que hundió a su país en un pozo de podredumbre

No es cierto que la música académica tenga que ser antiséptica como quieren los pontífices del “arte por el arte”. Eso lo acaba demostrar, como tantos otros, Gabriela Montero, pianista venezolana de excepción, con una obra musical de dramática complejidad sinfónica con la que deja constancia de su confrontación con el régimen que hundió a Venezuela en un pozo de podredumbre y su desacato al caudillo cruel y obcecado que le birló el país. “Ex Patria”, obra para piano y orquesta en la que Gabriela ejecuta el instrumento mayor con virtuosismo y finura (pero pulsando las notas destempladas de un pentagrama de angustia), es una señal de protesta contra este tiempo signado por la mezquindad y el atropello, en el que mucho músico notable se ha prestado para hacerle coro a la barbarie.

Un desalentador cajón de sastre --

Cajón de sastre ha sido llamado el último libro de ensayos de Mario Vargas Llosa, “La civilización del espectáculo”

Cajón de sastre ha sido llamado el último libro de ensayos de Mario Vargas Llosa, “La civilización del espectáculo”. La tentativa de denuesto se debe a que el autor echa mano de un conjunto de artículos que fueran publicados en su momento por el diario español “El país”, para apuntalar una aguda reflexión que va desde el análisis del papel de los medios que han convertido la información en show, pasando por el examen de la banalización de la política al sustituir el debate ideológico por torneos de lugares comunes y frases hechas, hasta poner en tela de juicio el papel de la cultura misma convertida en espectáculo superficial, en el mundo de la posmodernidad. Vargas Llosa no da puntada sin dedal y tomando argumentos de otros pensadores como T.S. Eliot y George Steiner, se convierte en acróbata que se lanza al vacío sin red, al afirmar que “la cultura atraviesa una crisis profunda y ha entrado en decadencia”.