Decir que el resultado de la elección presidencial que hubo el domingo pasado en Venezuela, no es importante para los nicaragüenses, porque el cambio democrático que necesita Nicaragua no vendrá desde fuera, sino que depende de nosotros mismos, es como cerrar los ojos ante la realidad.
Por supuesto que la instauración de la democracia republicana en Nicaragua solo puede ser obra de los nicaragüenses. Esto es una obviedad, o sea algo tan fácil de entender que resulta innecesario repetirlo. El régimen de Daniel Ortega se terminará, no por lo que ocurra en Venezuela, Cuba o Estados Unidos, sino por la voluntad y la decisión de lucha del pueblo democrático de Nicaragua.
Sin embargo, no hace falta conocer ni siquiera el abc de la política, para comprender que si Henrique Capriles hubiera derrotado a Hugo Chávez, el poder de Daniel Ortega en Nicaragua se hubiera debilitado de manera significativa. Ante todo porque el autócrata nicaragüense no hubiera podido seguir recibiendo los más o menos 500 millones de dólares anuales, que obtiene del gobierno de Venezuela para financiar sus dádivas populistas, su plan de perpetuarse en el poder y el enriquecimiento de los suyos. Además, si Chávez hubiera sido derrotado en la elección presidencial, la alicaída oposición de Nicaragua se hubiera fortalecido, así fuese solo por inercia. Pero resultó lo contrario, ganó Chávez y su permanencia en el poder fortalece a Daniel Ortega y repercute negativamente en la desanimada oposición de Nicaragua. Esto hay que admitirlo, porque solo reconociendo las derrotas y las adversidades se les puede revertir y superar.
Otra cosa es que con el triunfo de Hugo Chávez no se acaba el mundo, como lo han expresado algunos lúcidos y experimentados analistas democráticos de Venezuela. La victoria electoral de Chávez y la derrota de Henrique Capriles en las votaciones populares, no significa el fin de la lucha por la libertad y la democracia en Venezuela, ni en Nicaragua, Cuba o cualquier otra parte del mundo donde dominan todavía, pero no para siempre, las dictaduras y otros regímenes autoritarios.
Lo que ha demostrado objetivamente esta elección de Venezuela es que el ciclo de Hugo Chávez y su socialismo autoritario del siglo XXI —el cual es exportado por medio de los cuantiosos petrodólares venezolanos repartidos generosamente en otros países, incluyendo Nicaragua—, no ha llegado a su fin ni está terminando por ahora.
Demuestra también, la victoria de Chávez, que por enorme y admirable que haya sido el esfuerzo de la oposición venezolana para derrotarlo, y a pesar de que la fuerza electoral de los ciudadanos que rechazan al régimen chavista aumentó en más de dos millones de votos desde la elección presidencial de 2006, todavía hace falta acumular mucha más fuerza para lograr vencerlo en la siguiente contienda electoral.
La cual podría ser pronto, dicho sea de paso, porque según el artículo 233 de la Constitución de Venezuela, si el presidente falta definitivamente antes de completar cuatro años de su período de seis, se tiene que convocar a una nueva elección en el término de treinta días.
Luis Sánchez Sancho – Editorial La Prensa |@ElPoliticoWeb





