Análisis Político

Ruben Navarrette Jr.

Perdidos en el asunto de la inmigración

¿Qué sentido tiene que Obama y Romney discutan sobre la inmigración para ver cuál es el menor de dos males?

SAN DIEGO – Barack Obama y Mitt Romney deberían dejar de hablar de la inmigración. Incluso cuando les preguntan sobre el tema, como ocurrió en el segundo debate, deberían sonreír amablemente y decir: “Sin comentarios”.

Si no, ¿por qué recordar a los electores que hay tantas cosas sobre ese asunto que los candidatos no comprenden? Para no mencionar el hecho de que ambos han adoptado posiciones o promulgado políticas que les son difíciles de explicar.

En lo que respecta a Romney, fue su vergonzosa postura en las primarias republicanas, cuando viró a la derecha y no sólo adoptó una línea dura sobre cualquier cosa que se pareciera a una “amnistía”, sino que también denigró a los inmigrantes que trabajan arduamente tildándolos de aprovechadores, que vienen a Estados Unidos para llevarse cosas gratis.

En cuanto a Obama, es el vergonzoso historial forjado durante su cargo, en el que encontramos 1,5 millones de deportaciones; familias divididas; miles de niños nacidos en Estados Unidos, cuyos padres fueron deportados y que, por tanto, están en hogares de acogida; esposas maltratadas deportadas después de llamar a la policía; vendedores ambulantes deportados por vender helados o tamales sin un permiso municipal y la expansión de la cooperación entre la policía local y los agentes federales de inmigración al estilo de Arizona, en toda la nación, mediante el programa de Comunidades Seguras.

Para evitar que sus seguidores latinos los critiquen por todas esas medidas, Obama, la secretaria de Seguridad del Territorio, Janet Napolitano, y la funcionaria de la Casa Blanca, Cecilia Muñoz —apologista designada por el gobierno- afirman que se está deportando sólo a los indeseables. Mientras tanto, activistas comunitarios de Detroit protestan por una presunta infracción seria de la oficina local del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), donde se acusa a ciertos agentes de vigilar una escuela primaria para detener a los padres cuando recogen a sus hijos.

¿Cuán bajo puede caer el gobierno?

Al tratar de navegar las turbulentas aguas del asunto de la inmigración, cada candidato cuenta con su mecanismo de defensa.

Obama se interna en un mundo de fantasía de unicornios y golosinas, donde los agentes de inmigración sólo deportan a —como dijo en el debate— “delincuentes, pandilleros, gente que hace daño a la comunidad, no a estudiantes, no a individuos que están aquí sólo porque están tratando de resolver cómo alimentar a sus familias”. De vuelta en el mundo real, los agentes de ICE han deportado, desde que Obama asumió su cargo, a cientos de miles de jardineros, mucamas, niñeras y campesinos que sólo estaban “tratando de resolver cómo alimentar a sus familias”. También, la referencia a los “pandilleros” fue particularmente ofensiva. Pareciera que un presidente afroamericano sería más cauteloso con los estereotipos.

Mientras tanto, Romney prefiere dejar sus respuestas vagas, especialmente cuando se le pregunta qué haría con lo que se estima que son 10 millones de inmigrantes ilegales en Estados Unidos. Si entra en detalles, podría dejar caer la máscara y revelar lo que realmente es: un individuo pro-empresas, poco rígido en la imposición de las leyes migratorias, que apoya el libre flujo de la mano de obra y cuya estrategia de remoción es pedir a los inmigrantes ilegales que por favor, se “auto-deporten”, mientras deja entrever que no piensa hacer redadas ni deportar a los que se niegan a partir.

Durante el debate, Romney dejó pasar múltiples oportunidades para golpear a Obama por exagerar la verdad. Como cuando el presidente dijo que los llamados DREAMers —estudiantes indocumentados que procuran una educación superior— merecen “un camino a la ciudadanía”. Y entonces, dijo Obama, él les proporcionó ese camino “administrativamente”.

Corrección: Nunca sucedió. El programa de Acción Diferida para los que Llegaron de Niños (DACA, por sus siglas en inglés) no es explícitamente un camino a la ciudadanía. Eso hubiera sido un arreglo permanente, que sólo el Congreso puede establecer al aprobar una reforma migratoria integral. DACA es temporal; se les brinda a los solicitantes una visa de trabajo de dos años, pero los agentes de inmigración aún pueden deportarlos en cualquier momento.

Por último, consideremos la extraña posición en que cada candidato colocó a sus seguidores.

El equipo Obama debe fingir indignación por el plan de Romney de permitir que los inmigrantes ilegales se vayan voluntariamente del país, al mismo tiempo ignorando el hecho de que Obama prefiere un método más intervencionista, según el cual los agentes de ICE derriban puertas, esposan a la gente y la colocan en centros de detención. Según “Lost in Detention”, un documental de PBS que salió al aire el año pasado, hay muchas acusaciones de abuso físico y sexual.

El equipo Romney —en un vano intento de ganarse el apoyo latino— trata de criticar a Obama por quebrar su promesa de la campaña de 2008 de perseguir la reforma migratoria integral, mientras ignora el hecho de que —por lo menos hasta el debate— el candidato republicano se opuso a esa idea. Ahora Romney dice que él la “realizará” en su primer año.

Realmente, ¿qué sentido tiene que Obama y Romney discutan sobre la inmigración para ver cuál es el menor de dos males? En este asunto, ambos son horribles.

 

Ruben Navarrette, ruben@rubennavarrette.com © 2012, The Washington Post Writers Group | @ElPoliticoWeb

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