Por primera vez desde que tengo edad de votar y, por motivos profesionales, he estado más concentrado en la campaña electoral de otro país –Estados Unidos- que la del mío, Venezuela. Antes trabajé en varias elecciones –presidenciales y regionales- en unas como periodista en otras como parte del equipo de campaña, así que es imposible que un proceso tan trascendente me fuera ajeno y, por supuesto, que como venezolano lo que ocurrió el domingo me afecta profundamente.
Mi país definió su nuevo carácter y su destino. Confirmó que el socialismo chavista –autocrático, militarista y clientelar- es la opción preferida por la mayoría. También confirmó lo que sigue siendo mi tara de nacimiento: soy minoría. Pero eso no me acompleja, se que es un defecto que puede sobrellevarse y también que se puede trabajar con disciplina para curarlo y superarlo.
Ahora bien, el otro país mayoritario, sinceramente es para mi un misterio y creo que también lo es para muchos reunidos en esta casi mitad minoritaria del país que no votó por Chávez. Estoy convencido de que esa mayoría no está hecha de extranjeros cedulados a última hora (aunque los hubiera por centenares), y sé que no son millones de pobres e ignorantes temerosos de la libertad y dependientes de la dádiva estatal, como escucho desde el domingo en algunos trinos del Twitter. Claro, son compatriotas que uno ha visto, conocido y compartido con ellos, no es que desconozca completamente a esa Venezuela y crea que hablan marciano de noche o que coman jabón en la intimidad. Es un país que la oposición que algún día aspire a tomar el poder tendrá que respetar, descubrir, conocer y amar para poder liderarlo hacia un mejor destino y, definitivamente, por un mejor camino. Desde una supuesta o pretendida superioridad moral, étnica, social o intelectual no se podrá jamás gobernar a un pueblo como el venezolano.
Me preguntan si creo en el fraude electrónico. No. No creo que por artilugios informáticos se secuestró la elección e invirtieron los resultados. Por supuesto, no estoy diciendo que este fue un proceso limpio y equilibrado. La oposición tuvo que aceptar reglas de juego injustas sólo para eso, poder jugar y mantener viva la esperanza democrática. Por supuesto que hubo trampa, es más, siempre la ha habido en las elecciones venezolanas, pero esos miles –o si lo prefieren cientos de miles- de votos robados no podrían alterar un resultado para darnos con el garrote de 10% de ventaja en un solo día.
El fraude importante es otro, es totalmente detectable y también más profundo. Si acaso, a los venezolanos nos robaron la elección mucho antes, cuando se aprobó fraudulentamente un referendo y se aceptó que un Presidente pueda ser electo sin limitar el número de reelecciones a las que puede aspirar.
Es que está científicamente demostrado que los presidente en ejercicio tienen una ventaja estructural sobre todos los retadores de oposición. Esta norma universal no tiene excepciones en aquellos países de América Latina donde la reelección es posible, pues –a diferencia de EEUU, donde muy eventualmente ocurre que un presidente pierda- ningún mandatario latinoamericano ha sido derrotado en una contienda. Además, en el caso único de Venezuela, donde no hay limites a la reelección, la ventaja es inconmensurable. Estamos hablando de un jefe de Estado omnímodo que no tiene frente a sí ningún poder institucional capaz de limitar su uso arbitrario de los recursos públicos y de los poderes del Estado para favorecer sus apetitos y sobretodo su campaña. Una ventaja que se traduce en dinero casi ilimitado, capacidad de exposición mediática casi ilimitada y la disposición y facilidad para retaliar y reprimir, también casi ilimitados, a todos los que no sean seducidos o comprados por su poder.
Ante ese formidable titular, cualquier legítimo retador a la corona es de sí un héroe.
En este contexto, asfixiante para una oposición numéricamente crecida y mejor organizada que en el pasado, la disposición postelectoral de diálogo del presidente Chávez -y por supuesto de Henrique Capriles- es sensata y necesaria para evitar que la frustración se traduzca en más violencia e ingobernabilidad. Pero Chávez tendrá que amarrar a sus locos. Verbigracia, a un Diosdado Cabello instando a irse del país a todos los que se quejen de la inseguridad, pues es una mala señal para la aspiración de reconciliación. Una señal de que la nueva oligarquía chavista desconoce el sentir y la preocupación de la mayoría –sepa que chavistas y no chavistas ven en la inseguridad personal el mayor mal del país- y que su arrogante invitación a emigrar convida a quedarse sólo al circulo de psicópatas armados que les rodea. Algunos pocos, con los recursos, la disposición y el valor para hacerlo podrán emigrar huyendo de la inseguridad o persiguiendo sus metas de crecimiento humano, pero la mayoría se queda en Venezuela porque es su país, su destino y también la patria de sus sueños.
La oposición tiene que hacer una demostración de liderazgo para mantener su unidad y no desbandarse antes de las elecciones parlamentarias y de gobernadores de diciembre. No se puede renunciar a ningún espacio democrático por pequeño que parezca. Como tampoco, en el despecho y la tristeza, se puede renunciar a un país porque se pierda una elección. Venezuela está grabada en el corazón de todos los venezolanos. La llevamos a todas partes y su destino será siempre el nuestro.
ROGER SANTODOMINGO El Político | Twitter @CodigoRoger | @ElPoliticoWeb






Este es el mejor escrito que he leido de ti Roger . Ese si es un analisis sereno y claro ,sin frivolidades ,honesto y profundo
Posteado por Felix Gomez a las 4:46 AM, 10 de octubre 2012Muchas gracias Sr Santodomngo. La verdad es que cuando vi lo que ocurrio en Nuevar Orleans donde a algunos venezolanos se les nego el derecho a voto pues ya habian votado por ellos e preocupe. Pero luego vi la proporcion con la que ganamos alli que como de mil a uno y supe que puede haber una trampita, pero no podian robarse la voluntad mayoritaria. Nos toca aceptar que para muchos aun no es el pais que queremos… Porque dejemonos de vainas, Venezuela nunca fue perfecta, solo que pa arreglarla agarramos el peor camino
Posteado por Ramiro Clemente a las 5:52 AM, 10 de octubre 2012