Análisis Político

Jaime Flórez

Politiquería al más alto grado de irresponsabilidad

Jaime Flórez


Jaime Flórez es periodista, escritor y locutor. Actualmente dirige las comunicaciones y relaciones públicas del Centro de Negocios en Estados Unidos de la Agencia de Promoción de Exportaciones e Inversiones del Gobierno del Brasil. Conduce el espacio Ruedas ESPN. Fue Publisher de la revista Sobre Ruedas, dirigió y condujo noticieros radiales para la WQBA y Radio Caracol 1260. Ha dedicado veinticinco años a los medios de comunicación, impresos y electrónicos. Ha publicado sus artículos, crónicas y columnas en docenas de revistas, periódicos y portales de Internet.Frecuentemente aparece como comentarista en programas de televisión de alta sintonía. Su trabajo le ha valido varios reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, el galardón más respetado que se otorga a los comunicadores de su país.
Han llegado al descaro de llamar inversión social un aumento del 49.4% en los salarios de los empleados públicos, con el exclusivo propósito de llevarlos a votar como borreguitos en las elecciones de octubre

Uno se imagina que la proximidad de la muerte engrandece a los seres humanos; que cuando uno siente que su hora final está llegando, la prioridad pasa a ser la necesidad de dejar las cuantas claras, superar las mezquindades y esforzarse hasta donde sea posible para dejar algún legado. Sin embargo, la dura realidad nos demuestra que al contrario de lo que rezan las más respetables constituciones nacionales, no todos los seres humanos somos iguales. Para demostrarlo bastaría con analizar el comportamiento del deleznable personaje que lleva más de una década usurpando el poder en Venezuela, que ha logrado llevar al próspero país al borde de la ruina y que ha conseguido destruir radicalmente las más sólidas instituciones nacionales.

Peca uno de ingenuo al creer que ahora que, evidentemente la muerte le está pisando los talones, Chávez sienta que es el momento de dar un paso al costado para evitar la debacle generalizada. Todo lo contrario, su insaciable sed de poder, su extrema megalomanía, su infinita vanidad, lo están llevando a jugar en la ruleta rusa de las urnas, la ya precaria estabilidad económica de Venezuela, tal vez porque está seguro de que, como buen tramposo que siempre ha sido, juega con cartas marcadas y el triunfo está de su lado. Así las cosas, ha facilitado el crédito a niveles sin precedentes, en otra de sus movidas populistas, para que los sectores de menor capacidad adquisitiva puedan comprar fiado lo que les haga falta, pero sobre todo lo que no necesitan, y acaben agradeciéndoselo al caudillo votando por él.

Obviamente a Chávez no le interesa si esa gente va a poder pagar los compromisos que está asumiendo, entre otras cosas porque cuando llegue la hora de pagar, probablemente el sinvergüenza de marras ya no esté en este mundo y ese va a ser apenas uno más de los problemas que dejará para la posteridad. Lo que le interesa es generar gastos de consumo para incrementar artificialmente el crecimiento del PIB venezolano, que algunos expertos habían calculado en 3.5% para el 2012 y 2.2% para el 2013, y que acaban de revisar al alza para dejarlo en 4.7% este año y 2.6% el año entrante.

No hay que ser un experto en temas económicos para entender que ese crecimiento es otra falacia más del chavismo. La inflación galopante, la ausencia casi total de inversiones en los sectores productivos de la economía, los riesgos de una peligrosísima inestabilidad política y la inminente devaluación del Bolívar, son realidades tangibles del panorama económico venezolano a apenas semanas de las elecciones. Lo que se da por descontado es que, aún si Chávez gana las elecciones, y quiera Dios que eso no suceda, los días que le esperan a ese país serán sin duda extraordinariamente difíciles. El poder de compra de los venezolanos se vendrá al piso después de los comicios electorales, cualquiera que sea el resultado, porque está sustentado por una generación de crédito a todas luces irresponsable. El incremento del dinero disponible para créditos de consumo, que prácticamente se duplicó en menos de un año, llevó a una reducción temporal de las tasas de interés. En una economía normal eso no sería tan grave, pero en la venezolana, donde todos los bancos privados tienen que depositar sus recursos en dólares en el banco central, la inminente devaluación que ya es vista como inevitable, va a impedir que esos bancos privados continúen prestando a tasas de interés tan bajas.

La devaluación tendrá también serias consecuencias previsibles en la capacidad de pago de la mayoría de los venezolanos que han venido aprovechando la bonanza crediticia para endeudarse más allá de sus expectativas, confiando tal vez en que la irresponsabilidad fiscal del gobierno alcanzará para resolver el problema cuando llegue, porque ellos creen que para eso llevaron a Chávez al poder. Lo que no saben o no les interesa saber, es que en su afán de encantar al pueblo como si fueran serpientes, o como hacían Hamelin y su flauta con los ratones, el gobierno chavista ha escondido los gastos operacionales del gobierno bajo el manto de unas supuestas inversiones. Han llegado al descaro de llamar inversión social un aumento del 49.4% en los salarios de los empleados públicos, con el exclusivo propósito de llevarlos a votar como borreguitos en las elecciones de octubre.

Mal saben ellos que, como resultado de todas estas barbaridades, el déficit fiscal llegará este año al 11.6% del PIB, y una vez concluya el proceso electoral, aunque logre torcer de nuevo la voluntad popular, no podrá Chávez seguir despilfarrando las finanzas públicas de su país, destrozando irresponsablemente el patrimonio de todos los venezolanos. Cabe al bravo pueblo, a esa gente de bien que son la mayoría, realizar el esfuerzo supremo para que no sea esta otra dudosa victoria electoral del chavismo. En esta hora definitiva, a ellos corresponde decidir si someten a por lo menos tres generaciones más de venezolanos a la difícil tarea de recuperar una nación completamente destruida o si, por el contrario, escogen la opción de iniciar esa tarea el mismo 7 de octubre, cuando todavía no todo está perdido.

En 1940, ocho meses después de la incursión de la Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill, luego de asumir el cargo de Primer Ministro, pronunció su famoso discurso ante la plenaria de la Cámara de los Comunes, en el que anunció que el Reino Unido estaba dispuesto a ofrecer “sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas.” Guardando las proporciones, no es una realidad muy diferente de la que enfrenta la Venezuela que esperamos esté dispuesta a cambiar de rumbo bajo las riendas de Henrique Capriles, entre otras cosas porque la opción del regreso a la plena democracia es la que garantiza esfuerzo, sudor y lágrimas, y es al mismo tiempo la única que promueve el necesario entendimiento y la entrañable reconciliación entre todos los venezolanos, para que nunca, en ninguna hipótesis, se vuelva a derramar una sola gota de sangre por motivos políticos.

JAIME FLÓREZ – Análisis exclusivo para El Político |@ElPoliticoWeb 

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Un comentario »

Este loco está hipotecando el futuro de los venezolanos, y para variar, como hacen todos los caudillos, basa sus políticas paternalistas en la ignorancia del pueblo. No se dan cuenta que van a una situación mucho peor que la de Grecia o España, porque acá no va a haber quien los rescate, a menos que empeñen el petróleo.

Posteado por Javier Iglesias a las 5:39 PM, 2 de octubre 2012