Todos los años, por esta época, es tradicional que los niños, y unos cuantos no tan niños, se disfracen de cualquier cosa y salgan por las calles a pedir dulces y golosinas. Coincide en esta oportunidad esta tradición del Halloween con otro desfile de disfraces menos inofensivo y más preocupante: el que vimos con cierta preocupación y mucho desaliento, protagonizado por los bandidos narcoterroristas de las FARC en Oslo, la semana pasada. No deja uno de sentir vergüenza ajena frente a tan incómoda situación, porque es de imaginarse que después de la cantidad de veces que nos han tocado el mismo bolero, los colombianos deberíamos ya haber aprendido que de parte de estos bandoleros no ha habido, no hay y no habrá nunca voluntad alguna de alcanzar ningún tipo de acuerdo negociado.
Coincido plenamente con la respetable columnista María Isabel Rueda en el sentido de que un gran favor nos hizo a la mayoría de los colombianos el señor Iván Márquez, cabecilla de la organización alzada en armas, cuando descaradamente se quitó la máscara que todos sus compinches habían venido usando a lo largo de estos meses, y con la que, a espaldas del país hicieron creer al gobierno, con la anuencia de los regímenes de Caracas y La Habana, que en realidad estaban dispuestos a entablar los supuestos diálogos que podrían acabar conduciéndonos a la tan anhelada paz. Habrá que agradecerle a Márquez, y tal vez sea el único motivo que merezca unas gracias, porque abrió un juego que ya nos querían hacer tragar entero, con el peregrino argumento de que la divulgación del contenido de los diálogos puede poner en peligro el avance de las negociaciones.
Aunque a partir de ahora y con la complicidad del castrismo cubano, los diálogos se lleven a cabo a puerta cerrada y la información se suministre a cuentagotas, los colombianos ya sabemos qué está buscando sacar la guerrilla de todo este proceso. Van a estar exigiendo que el gobierno ceda en todo, en una modificación profunda del estado de derecho y del modelo económico, y en una marcha atrás de la estrategia militar que innegablemente ha servido para devolverle al país la estabilidad que requiere. Van a seguir pidiendo de todo lo humano y lo divino, jugándose una vez más las cartas de siempre, las del chantaje y la amenaza, porque Márquez llegó hasta el extremo de mencionar nombres para achacarles las culpas de nuestras desgracias y, como ya es costumbre, atacó de nuevo a los medios de comunicación, enviando un claro mensaje con el fin de atemorizar, como diciendo sabemos quiénes son y sabemos dónde están.
Todo esto ha hecho parte por muchos años de la estrategia de las FARC, esa misma que establece que hay que llegar al poder mediante la utilización de todas las formas de lucha. Evidentemente no tienen la más mínima intención de abandonar la lucha armada, lo han dicho de palabra y lo han demostrado con hechos. Tampoco van a dejar de sacar provecho, si los negociadores del gobierno, el gobierno mismo y la sociedad civil se lo permiten, de aprovechar cualquier oportunidad a la que puedan echarle mano en la mesa de negociaciones. Para eso cuentan con el apoyo de los garantes de Cuba y Venezuela, que desde mi punto de vista lo único que garantizan es el respaldo abierto y sin ningún tapujo a las pretensiones de las FARC.
De manera que, una vez puestas las cartas sobre la mesa, este juego ofrece tres y solo tres variantes. La primera consistiría en que las FARC cedan en sus pretensiones y se encuentre un mecanismo para poner fin al conflicto, con desmovilización de guerrilleros, un cierto tipo de amnistía que no cobije los crímenes de lesa humanidad, y una eventual participación del movimiento guerrillero -ya desarmado- en la actividad política, cumpliendo los mismos requisitos que los demás ciudadanos. Esta sería la alternativa ideal, pero como yo ya no creo ni en Papá Noel ni en el conejo de la pascua, no me queda más remedio que referirme a las otras dos variantes. La segunda, que las FARC logren vencer por el cansancio a los negociadores del gobierno, que la confidencialidad que encubre los diálogos les permita llegar a acuerdos más allá de lo que la nación esta dispuesta a conceder y que la asesoría castro-chavista empodere a los guerrilleros para acabar convirtiendo la negociación en una capitulación donde los colombianos de bien salgamos debiéndole a los narcoterroristas. Porque el preámbulo de Márquez a las conversaciones fue claro en ese sentido, ellos son los que están de lado del pueblo y el pueblo los apoya es a ellos. ¡Tamaño despropósito!
La tercera variante, que es a mi juicio la que vamos a tener que enfrentar, vendría a ser el segundo capítulo de la radionovela del Caguán. El gobierno, luego de seis meses de desgaste, acaba entendiendo lo que ya muchos percibimos el primer día, de la misma manera que lo evidenciamos ese caluroso día de la primera semana de enero de 1999, en la localidad caqueteña de San Vicente del Caguán, cuando Tirofijo tuvo la osadía de dejar plantado esperándolo al presidente de entonces, Andrés Pastrana. Yo estaba allí ese día y no me costó ningún esfuerzo prever que lo que venía de allí en adelante estaba completamente anunciado. Tan anunciado como quedó la semana pasada en Oslo, pero está bien, aceptemos que en gracia de probarle al mundo –otra vez- que el gobierno colombiano, de cualquier presidente o partido, está dispuesto a jugarse la carta de la negociación si es eso lo que se requiere para alcanzar la paz, pues que sea lo que Dios quiera.
Ahora bien, una vez escuchadas las palabras del jefe de los representantes del gobierno, el ex vicepresidente Humberto de la Calle cuando dijo que el gobierno no será rehén de esas negociaciones, si cumplido el plazo de los seis meses queda claro que la guerrilla de las FARC volvió a burlarse de todos nosotros, el país debe exigirle perentoriamente al gobierno lo que ya le exigió en las urnas en tres oportunidades, cuando ganó Alvaro Uribe en el 2002, cuando volvió a ganar en el 2006 y cuando salió victorioso Juan Manuel Santos en el 2010. Fueron tres victorias contundentes y el mandato fue claro: no más FARC, no más secuestros, no más narcoterrorismo. En lo más profundo de su fuero interno, el Presidente Santos debe saber que si las FARC decepcionan de nuevo a los colombianos y lo ponen a él de payaso, él en su condición de Jefe del Estado o reacciona con la fuerza y la energía que la ocasión amerita, o su muerte política quedará inexorablemente consumada. ¿No será que es a eso a lo que le está apostando la guerrilla?
Jaime Flórez ElPolitico | @ElPoliticoWeb








Jaime. La ocasion o el momento que se vive en Colombia como los anteriores actos en pro de una paz son nada mas que un escape a la realidad del conflicto armado q esconde bajo su capa o mascara la realidad de una NARCOGUERRILLA derrotada en su zona e ideologias. No se negocio una paz con un enemigo cuando las batallas se estan ganando. Si ellos plantean un proceso al cual anteceden sus peticiones y estas no disfradas de levantar las ordenes de captura y llevar a la mesa a una heronia vestida de caudilla inocente, es solo el paso que siempre dieron. Tomar aire y dejarnos con el mismo baile de que ellos fueron los que intentaron mas los acuerdos no fueron cumplidos. SOLO Y SOLO SI ellos llegan a las plazas publicas entregan las armas y se somenten a la justicia con cara limpia y llenos del mismo valor que les permite secuestrar, violar y extorcionar entre otros actos, es cuando si veremos un cambio. Los AUC lo hicieron y entregaron sus armas y dejaron a un lado su defenza por la cual nacieron y estan sometidos a la justicia en Colombia y USA. El M-19 una vez derrotado acepto el proceso y entrego sus armas, dejo sus subalternos en la libertad de ingresar otros grupos, PERO SE sometio a la politica publica con el indulto y perdon de un presidente NO de la nacion. Pero bueno asi fue y logramos avanzar. Hoy retrocedemos y con las frases que dejas a un lado de tranquilo boby .. tranquilo .. Todo en ella esta dicho..
Posteado por Jose Rodrigo Umana a las 1:56 PM, 26 de octubre 2012Jr