Un desafío de las próximas semanas es evitar que el debate comprensiblemente intenso y apasionado sobre el indulto solicitado para Alberto Fujimori cope la agenda y polarice al país al punto que destruya la posibilidad de abordar otros temas de relevancia nacional.
La intensidad inicial del debate disminuirá un poco en las semanas siguientes a medida que la comisión de Gracias Presidenciales desarrolle los análisis jurídico y médico, y organice la información en el reporte con su recomendación al presidente Ollanta Humala, a quien le corresponde tomar la decisión final de acuerdo con el ordenamiento legal.
Esto va a depender de la reserva con que la comisión realice sus gestiones, lo cual sería lo más conveniente para el gobierno, aunque, evidentemente, eso compita con el legítimo interés periodístico por conocer cada primicia del proceso.
De todos modos, cuando se acerque la respuesta presidencial –¿dos meses?–, el debate reaparecerá con mucho más intensidad que ahora.
La decisión sobre el indulto debe ser evaluada desde la única arista jurídica posible: la humanitaria. Para ello, lo crucial será el cotejo del análisis de una junta médica confiable con el ordenamiento legal vigente.
Hay, sin embargo, otra arista: el efecto político de la decisión que se tome. De hecho, la mayoría de agrupaciones ya se han ido manifestado.
Perú Posible, Acción Popular, Somos Perú y la izquierda están en contra. El PPC anda –para variar– en debates internos. El fujimorismo está, comprensiblemente, a favor, al igual que los ppkuys. A su vez, Gana Perú flotará a la espera de que se pronuncie el gobierno, mientras que el Apra ha adelantado, a través de sus parlamentarios, que aceptará lo que decida el presidente Humala.
Para interés de su lector regular, la posición de esta columna sobre el indulto es que la única condición para aceptarlo es la demostración rigurosa de la salud de Fujimori con lo dispuesto en las normas vigentes.
Y, políticamente, esta columna está en contra: la condena a un ex presidente de la República, en un proceso limpio y transparente, por delitos de corrupción y asesinato, constituye un hito histórico y valioso que dignifica a la nación y que ayudará a prevenir a futuros gobernantes de andar por el camino equivocado. Un indulto que no se sustente en razones estrictamente de salud sería, en este contexto, un insulto.
Para volver a la pregunta inicial de esta columna sobre cómo evitar la polarización excesiva y la parálisis del país a propósito del indulto, lo crucial radicaría en el respeto a las partes en disputa y a los argumentos de cada sector, sin desacreditar ni insultar a ambos lados, que es la tentación que, lamentablemente, se observa en estos días.
Augusto Álvarez Rodrich, La República | @ElPoliticoWeb





