Venezuela se incorporó formalmente incorporada al Mercosur el 31 de julio en Brasilia. Pero sólo tres miembros de esta agrupación comercial –Brasil, Uruguay y Argentina– estuvieron allí para la celebración. El cuarto, Paraguay, que durante mucho tiempo bloqueó la admisión de Venezuela, había sido suspendido un mes antes por su precipitado juicio y destitución del entonces Presidente Lugo que habia sido considerada como un incumplimiento de la carta democrática de Mercosur.
Qué puso al gobierno de Brasil tan ansioso de traer Venezuela al Mercosur sigue siendo un rompecabezas. El entusiasmo de Argentina es fácil de entender. Venezuela es una de las pocas fuentes de inversión extranjera que le quedan. Y nadie podía esperar que Uruguay soportase la presión de sus dos grandes vecinos, Argentina y Brasil. Paraguay, bajo suspensión, no tuvo nada que decir.
Pero ¿qué motivó a Brasil? Brasil es, ciertamente, lo bastante potente como para resistir cualquier presión que Venezuela y Argentina pudieran acarrearle. Y había abundantes argumentos para justificar el aplazamiento de la decisión. Todavía hay cuestiones que siguen sin resolverse sobre el fundamento legal de la precipitada suspensión de Paraguay y la rápida incorporación de Venezuela al grupo. Ni se consideró si la Venezuela de Chávez cumple las condiciones democráticas del Mercosur.
El Gobierno brasileño ha mantenido su posición principalmente por motivos económicos, argumentando que la riqueza petrolífera de Venezuela añade un importante peso y un gran potencial para el desarrollo y el futuro de las economías del Mercosur. Brasil ha visto cómo aumentaban vertiginosamente sus exportaciones a Venezuela en la última década. Ahora existe un enorme superávit comercial con un país que importa casi todo, excepto petróleo. Las inversiones brasileñas en Venezuela han reportado también grandes beneficios. Las grandes reservas de petróleo de Venezuela, bajo cualquier gobierno, deberían ser un enorme activo para el futuro.
Pero los argumentos económicos de Brasil tienen algunos fallos. El coste de la integración de Venezuela en el Mercosur podría resultar mayor que su beneficio. Mercosur ha sido una institución problemática desde hace muchos años. Sus miembros, normalmente, violan sus propias normas. El proteccionismo entre los socios ha sido durante mucho tiempo fuente de fricción y ha ido a peor en los últimos años. Las disputas entre los países miembros se han multiplicado y profundizado. Y es probable que Venezuela agrave todos estos problemas.
Mercosur será ahora “territorio” de Venezuela y Argentina, cuyas economías son consideradas generalmente como las más estrambóticamente gobernadas y con mayor riesgo económico de Latinoamérica. Lo que queda de la talla internacional de este organismo comercial está gravemente dañado. El acuerdo comercial con la Unión Europea, que Mercosur ha negociado una y otra vez durante diez años, está ahora más alejado que nunca.
Brasil debe reconocer ya el deteriorado estado del Mercosur y aceptarlo para intentar hacer un importante cimiento para la cooperación e integración económicas. Quizás el gobierno de Brasil pueda hacer del Mercosur un mecanismo útil para mantener pacificados a sus vecinos más perturbadores.
PETER HAKIM – Infolatam |@ElPoliticoWeb






