Es mayoritaria la creencia de que una convención libre en el PRD es un paso fundamental para servirle al país en nuestro rol de opositores.
Estoy de acuerdo que es un primer paso, indispensable, pero solo sería el comienzo. Una convención o certamen democrático es un evento que presupone árbitros aceptables por los competidores, padrón de militantes o participantes y procedimientos que permiten su celebración en armonía. En estos componentes todavía no hay acuerdos. Esta realidad nos lleva al peligro de la irrelevancia y al peligro de la sustitución para el PRD.
Esos peligros que muchos ignoran, al creer erróneamente que el 47% del electorado nos pertenece, obvian que la era de la información nos demuestra que una sociedad puede cambiar en breves minutos. Las sociedades del siglo XXI no esperan por mucho tiempo a los líderes que se miran constantemente el ombligo. El PRD no puede seguir mirándose a sí mismo. El PRD tiene que mirar hacia afuera. Tiene que generar nuevas ideas para solucionar los problemas del pueblo que pretende dirigir. Ese cambio de visión, esa realización de una nueva forma de actuar sólo lo resuelve una actividad intelectual llamada a derrotar el personalismo. Todo órgano colectivo ya sea religioso, político, empresarial o social necesita elementos de cohesión que logren de las partes individuales sacrificios en procura de mejorías colectivas.
En el PRD todos queremos ser candidatos a todo, todo el tiempo. Muchos compañeros sin ideas, planes o trayectoria aspiran por el simple hecho de hacerlo. Con el único objetivo de promoverse a título personal. Pocos piensan en partido y muchos piensan en que pueden sacarle al partido. Algunos ven su accionar partidario para cobrarle cuentas a algún dirigente. Esas acciones individuales de compañeros constituyen el cáncer de nuestra organización que se llama división. Una tarea esencial es identificar a esos portadores del peligro para relegarlos, llámense como se llamen.
¿Qué podemos hacer? Tenemos una militancia mística, heroica y cautiva.
Si bien es cierto que esa militancia no es eterna en la sociedad de Facebook y Twitter, todavía nos reclama que la representemos. A ella debemos ir con cursos de formación, con actividades solidarias y comunitarias. Todas estas gestiones deben buscar formar el espíritu de cuerpo que poco a poco nos haga recordar que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos y que por tanto tiene un interés diferente al de cada uno de sus militantes.
Explicarle a los dirigentes nacionales que en vez de promoverse para ser vicepresidentes, secretarios, subsecretarios, deben participar de actividades comunitarias será difícil o casi imposible. Por esta razón los jefes de grupos y los directivos del partido tienen ese deber histórico de enfatizar a sus allegados y a los organismos del partido de que esas labores deben realizarse cuanto antes.
Debemos olvidarnos ya de todos los esfuerzos por lograr victorias pírricas en contra de alguien. El pasado no convoca. Debemos deponer los odios, los egos y hacer partido. Hacer partido para poder hacer patria en los certámenes venideros. Reconozco que esta posición no es potable en medio de tantas pasiones, pero la considero necesaria. La ruta debe ser: primero convención y segundo hacer vida intelectual para transformarnos. Todo lo demás es trabajar para ser sustituidos.
Tengamos paciencia que no hay deudas que no se paguen ni plazos que no se venzan. En el PRD hay quienes luchamos para lograr un partido de ideas, no de personas. Un partido de verdades, no de arreglos. ¡Lo vamos a lograr!
EDUARDO SANZ LOVATÓN – Listín Diario (República Dominicana) |@SanzLovaton |@ElPoliticoWeb






