Apenas tres meses después de asumir su cargo como Presidente de la República, en agosto del 2010, Juan Manuel Santos inició contactos secretos con un empresario del Valle del Cauca, para que hiciera las veces de enlace con las FARC y ayudara a llevar los acercamientos entre las partes hasta el punto en el que están hoy. El mensajero, que hasta hace muy poco pudo hacer su trabajo sin filtración alguna, mereció la confianza del mandatario porque en sus años de juventud fue compañero de bohemia de Jorge Torres Victoria, “Pablo Catatumbo”, miembro del estado mayor de esa guerrilla.
Pasaron muchos meses en los que la comunicación de Santos con su interlocutor era discreta, directa e intermitente, pero con resultados: “Catatumbo” había logrado interesar a otros miembros del secretariado en unos posibles diálogos.
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