SAN DIEGO. Cuando se trata de acusaciones de racismo y etnocentrismo, el Partido Republicano sólo trata de cuidarse el trasero.
Es asombroso con qué rapidez actuaron los organizadores de la Convención Nacional Republicana para apagar todo incidente que tuviera un tufillo a prejuicio.
Guardias de seguridad y oficiales de policía expulsaron a dos personas de la convención, después de que éstas echaran maníes a una camarógrafa afroamericana de CNN y le gritaran: “Así es como alimentamos a los animales”.
Los funcionarios de la convención divulgaron rápidamente una declaración que expresaba: “Dos asistentes exhibieron, esta noche, una conducta deplorable. Su conducta fue inexcusable e inaceptable. No se tolerará este tipo de conducta”.
No hay duda de que dos asistentes actuaron como idiotas. Fueron maleducados y desubicados, y se merecieron que los expulsaran del salón. Nada que objetar a eso.
¿Pero estaban siendo racistas? Hay algo de ambigüedad en ese punto. Podemos suponer que la camarógrafa estaba usando su credencial de la prensa y que su cámara tenía el logo de CNN. Por eso se la podía identificar no sólo como afroamericana sino también como un miembro de los medios. Si alguna vez han estado en una reunión de conservadores, sabrán que a menudo se desprecia a los medios, porque muchos de la derecha consideran que los medios principales apoyan a la izquierda.
El incidente fue desagradable, pero quizás nunca lleguemos a conocer su significado.
Mientras tanto, en otro hecho, parece que un grupo de republicanos gritó “¡USA! ¡USA!” como un desaire.
Yo mismo he visto esto anteriormente. Hay grupos que gritan “¡USA!” para silenciar a manifestantes latinos —aún si los manifestantes nacieron en Estados Unidos. Y en marzo, en un partido de básquetbol en una escuela secundaria de San Antonio, los aficionados cantaron “¡USA!” después de vencer al equipo rival, compuesto predominantemente por jugadores hispanos nacidos en el país.
En la convención, un grupo de republicanos comenzó a cantar “¡USA!” cuando presentaron a Zoraida Fonalledas, del comité de Puerto Rico. Eso duró aproximadamente un minuto, según asistentes que mandaron Tweets sobre el incidente.
Avergonzados funcionarios republicanos rápidamente produjeron explicaciones alternativas, una tras otra.
Al principio insistieron en que había otro conflicto entre delegados de Ron Paul y el presidente de la convención, Reince Priebus, sobre si había que contar a esos delegados. Fonalledas quedó atrapada entre dos fuegos, explicaron.
Los comentaristas conservadores insistieron entonces que los cánticos no provenían de los delegados de Paul, sino de los de Romney, que trataban de silenciar a los delegados de Paul. Fonalledas estaba simplemente en el lugar equivocado y en el momento equivocado.
Nuevamente, quizás nunca sepamos el significado real de ese incidente.
Lo que sí sabemos es lo siguiente: Los funcionarios republicanos actuaron rápidamente para apagar estos incendios de relaciones públicas. Comprendieron que —con o sin ambigüedad— lo que se vio no era bueno. Y deben saber que muchos estadounidenses consideran al Partido Republicano como el lugar donde la gente va para sentirse a gusto con sus prejuicios.
Ann Romney prácticamente reconoció este hecho cuando expresó a un grupo de republicanos latinos que se reunió en Tampa, que los latinos deben “superar algunos de sus prejuicios que han estado allí por las maquinarias demócratas que nos han hecho parecer como que no nos importa esta comunidad”.
Y pensar que todo ese drama se desarrolló sólo en la primera noche de una convención de tres días de duración. Eso nos dice algo. Lo que me dice a mí es que, a pesar de toda esa retórica sobre la diversidad, la realidad es que el Partido Republicano moderno luce y se siente como el de hace 50 años. Colocar un puñado de hispanos y afroamericanos en el escenario y permitir que dirijan la palabra a la convención no modifica ese hecho.
De los casi 2.900 delegados que asistieron a la convención republicana, sólo 47 —alrededor del 2 por ciento— eran afroamericanos, según el Joint Center for Political and Economic Studies. En cambio, según este centro, los afroamericanos dan cuenta del 26 por ciento de los delegados que se reunirán esta semana en la Convención Demócrata de Charlotte.
Démosle la cara. En su mayoría, el Partido Republicano es aún un partido de gente blanca, por gente blanca y para gente blanca. Eso debe cambiar, no sólo para beneficio del partido, sino para beneficio de las comunidades no-blancas, que merecen tener más opciones. Tal y como están las cosas, la gente de color no es bienvenida en un partido y el otro no se la merece.
Dejemos de lado las relaciones públicas. Necesitamos una protesta pública.
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