Análisis Político

Javier Torres Seoane

Mujeres asesinadas en Perú

Más allá de cualquier análisis sobre los crímenes de Sorayda y Ruth, debemos comprometernos a que sus historias no se repitan, a que sus muertes no sirvan solamente para engrosar la estadística

Se puede agregar algo más a lo que ya se ha dicho en estos días sobre el poco valor de la vida de las mujeres en nuestra sociedad? De un lado, el asesinato de Sorayda Caso, una niña de nueve años cuyo pecado fue correr despavorida durante un operativo militar en la comunidad de Ranrapata. De otro lado, el caso de la joven Ruth Sayas que cometió el “error” de participar en un programa de televisión para contar sus intimidades, y terminó asesinada por su expareja.

Sin duda correrá mucha tinta sobre el segundo caso y lo más probable es que haga que olvidemos el caso de la niña Sorayda, ya que cualquier crimen vende mucho más que una muerte en el Vraem, sobre todo cuando tiene un vínculo directo con un sintonizado programa de televisión, que es conducido por un carismático y polémico periodista como Beto Ortíz.

Pero lo que es pertinente discutir es por qué termina siendo tan natural en nuestro país –por la razón que fuere–, que a las mujeres se les mate con tanta facilidad, y que los crímenes queden impunes y en el olvido. Hay quienes creemos que eso se debe, en buena medida, al machismo que existe en nuestra sociedad, que es una enorme tara, frente a la cual no hay evidencia alguna de que estemos superándola. El machismo vive y se alimenta desde la familia y la escuela, así como desde la iglesia que lo tiene institucionalizado, y desde los medios de comunicación masiva. Todo lo cual hace sumamente compleja su erradicación.

Aunque, desde hace mucho tiempo, haya denuncias y campañas para desterrarlo, el machismo sigue vigoroso, sabiéndose impune y funcional a una sociedad en la que hemos reducido casi todo a una dinámica de consumo, donde se renueva la idea de que uno de los más antiguos bienes de uso y de cambio de los hombres son las mujeres, aunque con el agregado que estas son fácilmente descartables luego de su uso, como si fueran un celular, computadora o televisor que puede ser reemplazado por otro, sin mayor problema.

En este escenario, donde la vida de las mujeres se hace irrelevante, sean niñas, jóvenes, adultas o ancianas, sus muertes terminan siendo parte de un anecdotario de violencias, que día a día suceden sin que nada cambie en lo sustantivo; y donde, por el contrario, se considera que quienes denuncian estos hechos perciben la realidad de manera maniquea y simplista.

Las mujeres de nuestro país no deben seguir muriendo asesinadas. Por ello, más allá de cualquier análisis sobre los crímenes de Sorayda y Ruth, debemos comprometernos todos y todas sin excepción, a que sus historias no se repitan, a que sus muertes no sirvan solamente para engrosar la estadística.

AUNQUE, DESDE HACE MUCHO TIEMPO, HAYA DENUNCIAS Y CAMPAÑAS PARA DESTERRARLO, EL MACHISMO SIGUE VIGOROSO, SABIÉNDOSE IMPUNE Y FUNCIONAL A UNA SOCIEDAD EN LA QUE HEMOS REDUCIDO CASI TODO A UNA DINÁMICA DE CONSUMO, DONDE SE RENUEVA LA IDEA DE QUE UNO DE LOS MÁS ANTIGUOS BIENES DE USO Y DE CAMBIO DE LOS HOMBRES SON LAS MUJERES.

JAVIER TORRES SEOANE – Diario 16 (Perú) |@javierto65 |@ElPoliticoWeb

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