NUEVA YORK. Detrás de los titulares de la campaña presidencial, hay señales crecientes de que nos estamos dirigiendo hacia una nueva guerra en Oriente Medio. Esta semana, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, regañó públicamente a Estados Unidos por negarse a dibujar una “línea roja” sobre el programa nuclear de Irán que, en caso de ser quebrantada, comprometería a Washington a realizar ataques militares. Asimismo añadió que no iba a aceptar una “luz roja” delante de Israel. A menos que algo dramático cambie su curso, Israel está en camino de atacar las instalaciones nucleares de Irán en los próximos seis a nueve meses.
Según mi opinión, en el último año, la retórica de Israel había parecido diseñada para obligar a la comunidad internacional a actuar y a Estados Unidos a súper actuar. Funcionó en el sentido de que las sanciones internacionales y el aislamiento de Irán están en su punto más alto. Sin embargo, Irán no se ha rendido, e Israel parece considerar como inaceptable cualquier otro escenario. El mes pasado, un “tomador de decisiones” israelí – ampliamente identificado como el ministro de Defensa, Ehud Barak – brindó una entrevista reveladora al diario Haaretz donde dio a entender que Israel no podía esperar a Estados Unidos para actuar y tampoco podría esperar hasta la próxima primavera para tomar el asunto en sus manos.
El “tomador de decisiones”, señaló que, si Mitt Romney fuera elegido en noviembre, Israel podría verse afectado negativamente. Expresó que “La [H]istoria nos muestra que, en su primer año en el cargo, los presidentes no realizan operaciones dramáticas a menos que se vean obligados a hacerlo”. Esto me parece una lectura acertada de lo que podría ocurrir si la administración de Romney considera la política económica como su preocupación urgente al asumir el cargo.
La administración de Obama ha reunido a una coalición global, puso en marcha las sanciones más duras, trabajó con Israel en una serie de programas encubiertos y le dio el hardware militar que hacía tiempo quería. Además, en el gobierno de Obama se demostró claramente que estarían dispuestos a usar la fuerza como último recurso. Pero el hecho de ir más lejos y definir una línea roja por adelantado comprometería a Estados Unidos a desatar una guerra; y ningún país asumiría tal compromiso.
Debe tenerse en cuenta que Netanyahu agrede a Obama por negarse a dibujar una línea clara, pero él mismo no la ha dibujado. Israel no ha especificado un nivel de actividad o de enriquecimiento que consideraría como motivo de guerra. La razón es obvia: Si lo hace, podría limitar las opciones de Israel y señalar sus acciones y calendario a Irán. Si para Israel hacer esto carece de sentido, ¿por qué tiene sentido para Estados Unidos?
La acción israelí no está determinada. Sigue existiendo un intenso debate en Israel, y la mayoría se opuso a la acción unilateral. Debido a que Israel funciona mediante un sistema parlamentario con un gobierno de gabinete, cualquier acción requeriría el voto afirmativo de todo el gabinete y del gabinete de seguridad más pequeño. Y hay algunos indicios que muestran que Netanyahu no tiene una clara mayoría.
Muchos israelíes, sobre todo en el “establishment” militar y de defensa, entienden que un ataque israelí retrasaría, y no destruiría, el programa de Irán. El programa podría ser reconstruido, probablemente de forma rápida y con mayor determinación. Colin Kahl es uno de varios estudiantes que han documentado cómo, contrariamente a la sabiduría convencional, el ataque de Israel de 1981 contra el reactor de Osirak en Irak aceleró la determinación de Saddam Hussein de construir armas nucleares. Cuando los inspectores de las Naciones Unidas entraron en Irak después de la guerra del Golfo Pérsico en 1991, se sorprendieron de lo rápido que Hussein había reconstruido su programa.
El programa nuclear de Irán ya es popular. Mir Hossein Moussavi, el líder del Movimiento Verde que se encuentra bajo arresto domiciliario, ha criticado al presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, por hacer demasiadas concesiones al Occidente en cuestiones nucleares. Así como las sanciones y el débil desempeño económico están provocando grandes tensiones internas, un ataque israelí aumentaría la popularidad del programa entre los iraníes y podría incluso reforzar el régimen de Teherán.
El principal corresponsal de The New York Times, David Sanger, en su libro “Confrontar y Ocultar”, describe las muchas simulaciones de guerra estadounidenses que asumieron un ataque israelí contra Irán: “Pronto, la batalla consume la región y, a continuación, Washington. La guerra cambia hacia la defensa de las instalaciones petroleras saudíes contra los ataques iraníes, y el uso de testaferros por Irán significa que otros actores regionales se involucrarán rápidamente. Y al final, nadie gana”.
El gobierno de Obama está tratando de asegurar que Israel no actúe. Pero, al hacerlo, deberá tener cuidado y no encerrarse en un camino donde su acción militar sea inevitable. Debemos tener un debate nacional antes de que Estados Unidos se encuentre yendo a la guerra en el Medio Oriente – de nuevo – en piloto automático.
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el señor sakarias parece en su analisis querer a toda costa la guerra, y me pregunto de que vive el señor sakarias, que deja una posisción a favor de israel y su aliado EEUU es para pensar verdad………
Posteado por oscar bader a las 3:07 PM, 19 de septiembre 2012