– Es la historia del colapso y quiebra de una de las empresas gráficas más importantes del mundo y, tras el arribo de un nuevo grupo de accionistas y ejecutivos, de su llamativa resurrección posterior con múltiples beneficios otorgados por el Gobierno. Ese grupo de accionistas y ejecutivos aparecen vinculados al entonces ministro de Economía y actual vicepresidente, Amado Boudou.
– Es difícil saberlo aún, pero múltiples indicios reflejan los vínculos entre el Vicepresidente y los nuevos dueños de la ex Ciccone.
– Hay dos expedientes en marcha. Uno se instruye en la Justicia en lo Comercial y es sobre el concurso de acreedores de la empresa, donde desde hace meses intentan verificar quiénes están detrás de ese nuevo grupo de ejecutivos y accionistas, como así también de dónde salió el dinero. Hasta ahora no han obtenido mayores resultados. El otro expediente se instruye en la Justicia Penal, donde se investiga al vicepresidente Boudou, al titular de la AFIP (la IRS argentina), Ricardo Echegaray, varios funcionarios más, familiares y allegados de Boudou, y los ejecutivos de Ciccone. Se los investiga por presunto lavado de activos, presunto enriquecimiento ilícito, presuntas negociaciones incompatibles, presunto tráfico de influencias, presunta omisión maliciosa de declaraciones juradas, entre otras figuras penales. Ese expediente, sin embargo, ya afrontó el cambio de juez y de fiscal por las presiones de Boudou y otros acusados.
– Depende de cómo se calcule. Ciccone recibió beneficios impositivos extraordinarios por cerca de $ 247 millones (entre US$ 60 u 80 millones al tipo de cambio de cada momento), en tanto que el movimiento de fondos bajo sospecha de lavado en la empresa abarca unos $ 50 millones, y a esto hay que sumar varios millones más bajo sospecha por presunto enriquecimiento ilícito.
– El escándalo estalló en la prensa el 6 de febrero último. Desde entonces el Gobierno (y en particular el vicepresidente Boudou) han denunciado una supuesta “campaña mediática destituyente” y se centró, con especial énfasis, en algunos periodistas. El Congreso, por su parte, ha hecho poco y nada para determinar lo que ha ocurrido. Sólo algunos legisladores de la oposición han pedido informes a distintos organismos del Estado o exigido explicaciones a funcionarios. Pero el oficialismo ha bloqueado varias iniciativas dado que cuenta con las mayorías en ambas cámaras.
– Sólo se sabrá con el transcurrir del tiempo. Por ahora, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo ha respaldado aún cuando se ha verificado repetidas veces que sus argumentos defensivos resultaron, cuanto menos, endebles. Sin embargo, Boudou perdió muchísima influencia y peso propio dentro del propio Gobierno, y su imagen positiva se desplomó durante los últimos meses.
– Hasta ahora, poco y nada. La evolución de la imagen de la Presidente fluctúa debido a otras causas, pero no al “caso Ciccone” que por ahora impacta sólo en el vicepresidente. Ese puede resultar, no obstante, el factor determinante para el futuro de Boudou. Si el escándalo comienza a afectar la imagen de la Presidenta, podría ser el final para su vicepresidente.
Antonio Fernández Nays, corresponsal en Madrid de El Político|@ElPoliticoWeb






