Análisis Político

Abel Ibarra

Un desalentador cajón de sastre

Abel Ibarra


ESCRIBIDERAS Abel Ibarra es escritor, productor de televisión y analista cultural. Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Fue el guionista y presentador del programa “En Pocas Palabras”, micro sobre la etimología de las palabras en español. Fue profesor de TV, Periodismo Televisivo y Taller de libretos.
Cajón de sastre ha sido llamado el último libro de ensayos de Mario Vargas Llosa, “La civilización del espectáculo”

Cajón de sastre ha sido llamado el último libro de ensayos de Mario Vargas Llosa, “La civilización del espectáculo”. La tentativa de denuesto se debe a que el autor echa mano de un conjunto de artículos que fueran publicados en su momento por el diario español “El país”, para apuntalar una aguda reflexión que va desde el análisis del papel de los medios que han convertido la información en show, pasando por el examen de la banalización de la política al sustituir el debate ideológico por torneos de lugares comunes y frases hechas, hasta poner en tela de juicio el papel de la cultura misma convertida en espectáculo superficial, en el mundo de la posmodernidad. Vargas Llosa no da puntada sin dedal y tomando argumentos de otros pensadores como T.S. Eliot y George Steiner, se convierte en acróbata que se lanza al vacío sin red, al afirmar que “la cultura atraviesa una crisis profunda y ha entrado en decadencia”.

Claro que el poeta Eliot es un pesimista cuando afirma en su libro “Tierra baldía” que “abril es el mes más cruel porque engendra lilas del interior de la tierra”, como queriendo decir que la vida es, en sí misma, un hecho vano. Para afirmarse más aún en la taciturna convicción, Eliot afirma tajantemente que la alta cultura (entendemos que la referida a las bellas artes, aunque no se explica suficientemente) es patrimonio de una élite y que una manera de preservarla es que siga perteneciendo a una minoría. Vargas Llosa, quien es un optimista a ultranza porque sigue escribiendo libros en un momento en que los formatos electrónicos amenazan su existencia, se muestra de acuerdo y se mete en la arena movediza de la paradoja al plantear que “la democratización universal de la cultura” ha terminado empobreciéndola, “volviéndola cada día más superficial”.

Grueso el asunto y gruesa la reflexión, porque si algo ha distinguido al premio Nobel peruano es su defensa de la democracia y del sistema de libertades que la hace posible, pero, en un ejercicio de lucidez que llega casi hasta la flagelación conceptual, no deja de hacer el análisis descarnado de nuestro tiempo angustiosamente marcado por la frivolidad y la falta de trascendencia. Se entiende en el entrelíneas del libro que cultura es todo lo que contribuya al bien común y, sin embargo, desde su punto de vista, “no es cierto que una educación liberal, al alcance de todos, garantizaría un futuro de progreso”, con lo cual se muestra de acuerdo con George Steiner quien afirma que “los centros de investigación por obra de los cuales se transmiten las humanidades y las ciencias pueden prosperar en las proximidades de los campos de concentración”.

Con el descubrimiento de los campos de exterminio nazi, los Gulags rusos y el horror del mundo comunista, se entró en el reino de la poscultura y la posmodernidad. Y pareciera que el mundo entró en pánico y se dedicó a mostrar la cotidianidad como un espectáculo en el cual la gente, más que vivir, representa papeles diversos, como los actores de una obra de vodevil donde todo apunta a la búsqueda de diversión “finita, contingente y mortal”, como diría Marcel Proust, el autor de “En busca del tiempo perdido”.

ABEL IBARRA |Análisis exclusivo para El Político |@ElPoliticoWeb

Deja tu comentario