Análisis Político

Charles Krauthammer

El excelente viaje de Romney

Charles Krauthammer


El Dr. Charles Krauthammer (Nueva York, 1953) obtuvo su Licenciatura en Ciencias Políticas y Economía en McGill University de Montreal y su Doctorado en Medicina de la Universidad de Harvard. En 1978 abandonó su práctica de la medicina para dirigir el planeamiento en investigaciones psiquiátricas para la administración Carter y comenzó a escribir para la revista The New Republic. Actualmente cuenta con una columna semanal en el Washington Post y es colaborador frecuente de las revistas Time y The Weekly Standard. Además es comentarista político de la cadena Fox News.
Charles Krauthammer analiza las meteduras de pata de Romney durante su periplo por Gran Bretaña, Israel y Polonia

WASHINGTON. Al comienzo de su reciente viaje al extranjero, Mitt Romney cometió un desliz. En respuesta a una pregunta sobre los Juegos Olímpicos, expresó su escepticismo acerca de los preparativos en Londres. La respuesta confundió y agitó a sus partidarios. La pregunta solo pedía una respuesta que sonara como un canto simple de espíritu olímpico, no un análisis crítico de un organizador olímpico.

Pronto ese tropiezo inicial se transformó en una metáfora de todo lo que siguió. Los medios de comunicación decidieron casi por unanimidad que el resto del viaje del candidato sería una metedura de pata tras otra.

El discurso de Romney abrazó cálidamente a la Polonia post-comunista como un ejemplo conmovedor de una nación comprometida, aunque con un gobierno limitado, pero con una estrecha alianza con Estados Unidos, e  incluso con esas zonas de guerra olvidadas por Dios como Afganistán e Irak, lo que le habría reportado más costos que beneficios.

El republicano se refirió muy poco al gobierno de Obama, que unilateralmente canceló el plan de defensa de misiles de Bush en consenso con Polonia para apaciguar a Rusia. Sin ningún tipo de crítica directa a Obama, Romney estableció una política exterior de mayor aprecio y fidelidad a los aliados de Estados Unidos.

Sin embargo, todos hemos oído hablar de la metida de pata de Romney en Varsovia, donde dos de sus asistentes se mostraron especialmente groseros con la prensa. En la Tumba del Soldado Desconocido, un grupo de periodistas lanzaron preguntas de sofisticación periodística como: “¿Está preocupado por algunos de los contratiempos de su viaje?”. A lo cual Rick Gorka, uno de los asistentes del candidato, sugirió a los reporteros que besaran su parte trasera, una invitación más atractiva y que, sin duda, habría servido para una excelente sesión fotográfica.

El otro improperio que profirió Gorka contra los periodistas fue un indecente “trágatelo”.

¡Un horror! En la víspera de la Convención Demócrata de 2004, una asistente de Hillary Clinton, Teresa Heinz Kerry, ofreció una sugerencia igual de soez a una insistente periodista de Pittsburgh. Clinton reaccionó diciéndole “bien hecho, chica”.

¿Y qué pasó entonces con la metedura de pata de Romney? ¿Acaso lo que es bueno para Heinz no es bueno para Gorka?

En su anterior parada en Jerusalén, el republicano ofreció un discurso que fue una obra maestra de matices y moderación. Sin criticar directamente Obama, Romney hizo distinciones entre ellos y las expresó hábilmente con palabras de protocolo y procurando la dicción típica de la diplomacia de Medio Oriente.

Él declaró, sin ton ni son, que Jerusalén es la capital de Israe, lo cual enfureció a los líderes palestinos. La posición oficial de Obama es que la capital de Israel sea determinada en las negociaciones con los palestinos. Respecto a Irán, Romney afirmó que Israel tiene derecho a defenderse. Además, dejó claro que, si Israel tiene que atacar, EEUU no le pondrá la luz roja ni lo castigará por ello.

¿Qué pasa con la metedura de pata sobre el desarrollo de Israel? Romney afirmó que las diferencias culturales habían vuelto a Israel más exitosa económicamente que a los palestinos. Esto le valió que un portavoz de la Autoridad Palestina lo acusara de racista, entre otras cosas.

Por otra parte, Romney se refirió a los principales causantes del retraso en el mundo árabe, que, a su juicio, son la corrupción rampante, un gobierno represivo y la falta de derechos de las mujeres.

Pero veamos ahora cómo el candidato fue recibido. En Israel, el primer ministro popular le prodigó una bienvenida tan cálida que fue más una señal de apoyo. En Polonia, Romney recibió la real aprobación de Lech Walesa, el ex presidente disidente, el gigante de la Guerra Fría, el héroe polaco. Sin embargo, los titulares fueron “trágatelo” y “cultura”.

Pero el fondo, el viaje de Romney fue un gran éxito: una metedura de pata (Gran Bretaña), dos triunfos (Israel y Polonia) y una buena demostración de política exterior de fluidez y orden —envuelto, sin embargo, en una narrativa sobre la necesidad que tienen los medios de superar la trivialidad.

letters@charleskrauthammer.com.

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