Hace unos dos o tres meses era central en la política peruana. Ahora el tema de Conga languidece como un avispero que no hay que despertar. Gregorio Santos, el artífice de esta situación, lanza piedras verbales al gobierno desde su fuerte cajamarquino, pero nadie le está haciendo mucho caso. Conga parece haber entrado en postergación indefinida.
El gobierno ofrece y pide diálogo, pero Santos no tiene interés en dialogar, como si eso le pudiera restar los puntos que ha ganado. Además la gente del campo sigue aferrada a lo de Conga no va, lo cual significa en los hechos que el diálogo tampoco va. Lo que va es el estado de emergencia y la construcción de los reservorios.
Los dos sacerdotes facilitadores se han vuelto parte de este paisaje inmovilizado. La aparición de Vladimiro Huaroc en el tema, respaldado por el premier Juan Jiménez, despierta algunas esperanzas en el tema. La idea es que dos personas con experiencia política podrían encontrar fórmulas de transacción, quizás en la línea de obras y dinero.
El peor escenario es que Santos haya llegado a la conclusión de que mantenerse atrincherado es su mejor opción política a futuro. Hasta aquí nada lo está desmintiendo. Solo un giro en los intereses políticos nacionales de Patria Roja podrían, quizás, flexibilizarlo. Pero allí está el problema de los otros radicales que le compiten sobre el terreno.
La percepción sobre Conga misma se ha movido un poco. Hubo un momento en que el megaproyecto de casi US$ 5.000 millones fue visto como la piedra de toque de la continuidad del modelo económico. Ahora tiende a ser visto como un proyecto más, muy importante pero prescindible, o cuando menos postergable, en última instancia.
Pero Cajamarca sin Conga no es una solución en sí misma. Probablemente una vez cancelado el proyecto la población movilizada por él, la cuarta más pobre del país, se vuelque hacia otros reclamos. Es decir, una protesta que empalmará con el próximo proceso electoral, impulsada por cuando menos tres dirigentes radicales con experiencia en las calles.
¿Tiene posibilidades electorales el sector pro-Conga? La capital, donde las huelgas y marchas más daño económico han causado, es un porcentaje muy menor de la población. Sin partidos políticos, no tienen correas de transmisión hacia el universo rural. La tácita identificación con Yanacocha es un pasivo adicional.
Todo esto sugiere que el de Conga es un conflicto que será heredado por el próximo gobierno. A todas las partes –gobierno, empresa, protesta– hoy les conviene mantener el asunto en un limbo, y buscar que la política cajamarquina encuentre otros cauces.
MIRLO LAUER – La República (Perú) |@ElPoliticoWeb







