Análisis Político

Rogelio Núñez

Brasil, el problema es la falta de competitividad

Rogelio Núñez


Rogelio Núñez es un periodista, historiador y analista político español. Es asesor de contenidos y analista de Infolatam y profesor de la Universidad Camilo José Cela (Madrid). Fue redactor de informativos de Canal Plus desde 1992 hasta 2009. Miembro del Observatorio de Seguridad y Defensa de América Latina, OSAL (2002). Ha realizado diversos trabajos de investigación sobre América Latina. Colaborador del Real Instituto Elcano, del portal de análisis socio-político latinoamericano Nueva Mayoría y en la revista de historia latinoamericana "Bicentenario". Miembro del Proyecto de Investigación: Violencia revolucionaria y contrarrevolucionaria en América Latina (1970-1992). Es consultor de la Ciberamerica.org desde junio de 2005.
Brasil vive en plena fase de desaceleración debido a la crisis de la deuda en la Unión Europea, al débil desempeño económico de Estados Unidos y China

El problema económico que afronta Brasil en estos momentos tiene un nombre propio, su falta de competitividad. Brasil vive en plena fase de desaceleración debido a la crisis de la deuda en la UE, al débil desempeño económico de Estados Unidos y China. A estos problemas, que le vienen dados, se unen graves problemas internos: endeudamiento familiar, exceso de presión fiscal y revalorización de la moneda, factores todos que provocan esa falta de competitividad general.

En 2011, el PIB brasileño, que en 2010 aumentó en un 7,5%, creció por debajo del 3% (el ejecutivo aspiraba a hacerlo por encima del 3,5%) y en el primer trimestre de este año aumentó solo un 0,2% con relación al trimestre anterior y 0,8% frente a igual período del año pasado.

Gabriel Palma, economista de la Universidad de Cambridge, comentó al diario Página 12 que “se terminó con un modelo de crecimiento basado en commodities y finanzas y se abandonó la industria. Un crecimiento así no es sustentable en el largo plazo. Hoy la industria manufacturera brasileña es la mitad de lo que era en los ’80 en relación al PBI. Es uno de los grandes procesos de desindustrialización de la historia”.

El modelo brasileño

El gobierno de Dilma Rousseff ha lanzado en este año y medio de gobierno varios planes para reactivar la economía y ha apostado por el proteccionismo en defensa de su sector industrial pero no ha logrado demasiado éxito: hasta ahora el ejecutivo brasileño ha destinado en favor del sector industrial casi 10 paquetes de estímulo, la tasa de interés (Selic) ha caído más del 33% (del 12,5% en agosto de 2011 al actual 8%) y el real se ha desvalorizado un 23% a lo largo de estos dos últimos meses.

Este escaso éxito se debe quizá porque en realidad lo que necesita Brasil son reformas estructurales más que sucesivos planes de emergencia.

Asimismo, la presidenta Dilma Rousseff es muy crítica con las medidas de austeridad de los países europeos.

Ella apuesta a que “Brasil está en otro camino. Nuestro camino no es ese, no es igual al de ellos. Nuestro camino es mantener nuestras inversiones, buscar cada vez más garantizar que los bonos (subsidios), las ventajas y los logros de ese desarrollo sean distribuidos”.

El ejecutivo de Rousseff culpa de los problemas que padece su industria a la apreciación de la moneda, cuando en realidad el quid de la cuestión se sitúa en el bajo nivel de incremento de la productividad que no lleg al 2% anual entre 2003 y 2010, y ha caído al 1% en estos momentos.

Brasil es ya la sexta economía mundial tras superar en 2011 al Reino Unidos, goza de pleno empleo, pues el desempleo ronda el 5,2%, pero la joya de la corona económica brasileña, la industria, cerró el año 2011 con un crecimiento de tan sólo el 0,3% con respecto a 2010, cuando se expandió por encima del 10% anteriormente.

El sector industrial se vio afectado por circunstancias externas: un fuerte flujo de capital extranjero que llegaba para aprovechar las altas tasas de interés (la de referencia del Banco Central llegaron a estar en el 12,50%), un real sobrevaluado frente al dólar que convertía las importaciones más baratas que la producción propia, una estructura de exportaciones basada en materias primas (70%), y una inflación que aumentó al 6,6%.

Desindustrialización y falta de competitividad

El equipo económico de la presidenta Dilma Rousseff ha anunciado numerosas medidas para beneficiar la industria a través de incentivos al consumo, contener la llegada de productos importados y frenar la apreciación del real, pero la producción industrial en los últimos doce meses registró una caída del 1%.

La presidenta Rousseff anunció la pasada semana un nuevo paquete de medidas económicas destinadas a apuntalar la alicaída industria: rebajas tributarias, reducciones en los costos de producción y ampliación del crédito para proyectos de inversiones productivas, en innovación y en infraestructura.

El ministro de Economía, Guido Mantega, señala a Estados Unidos, la Unión Europea y China de impulsar políticas monetarias expansionistas para solucionar sus dificultades financieras y económicas, en lo que calificó de ”guerra cambiaria”: “hay una situación muy complicada en el mundo y varias economías están patinando … no permitirá que esta crisis contamine a la economía nacional”.

Además, la crisis en la UE y la desaceleración china golpean a Brasil: es cierto que, por ejemplo, las exportaciones de materias primas hacia China componen el 17,3% para Brasil.

Además, la UE es un mercado clave para Brasil, en el primer semestre de este año hubo una desaceleración del comercio bilateral razón por la cual se redujo el superávit brasileño de 2011, cuando las exportaciones sudamericanas fueron de US$ 52.900 millones de dólares y las importaciones de 46.400 millones.

Por lo tanto, “la gran discusión de Brasil hoy es la pérdida de competitividad de su industria”, apunta Margarida Gutierrez, especialista en economía de la Universidad federal de Río de Janeiro: “Brasil busca con esto proteger a su industria automotriz nacional, proteger las empresas que están instaladas en el país, incluso si son extranjeras”, dijo a BBC Mundo.

Pero no es solo un problema que viene de fuera pues la economía industrial brasileña padece el alto costo de mano de obra y de energía, un alto nivel impositivo, que supera el 35%, y serias insuficiencias en infraestructura.

“La crisis de la industria es grave y de larga data, no coyuntural. Es una crisis de competitividad que se arrastra desde hace tiempo y el contexto internacional desnudó”, opina el economista Julio Gomes de Almeida, del Instituto de Estudios para el Desarrollo Industrial (IEDI), quien añade que “en los últimos años se puso demasiado acento en el consumo como motor del crecimiento, y no se les prestó atención a las deficiencias estructurales de la industria”.

Ante este reto, el gobierno brasileño ha optado por el proteccionismo para su industria, causa que esconde el enfrentamiento con México, por ejemplo.

Ya el presidente Felipe Calderón criticó durante la cumbre de Cartagena esta apuesta brasileña: “si tú quieres tener un hijo que camine, no le prohíbas caminar. Si quieres tener un competidor, hazlo competir”.

Calderón puso el dedo en la herida al demandar “más y no menos comercio. Y es más claro que nos enganchemos ahora en los sectores de economía, primero entre nosotros … Estamos intentando hacer más acuerdos comerciales. Para mí es vital un acuerdo de libre comercio con Brasil. Desgraciadamente lo que estamos encontrando más bien es una tendencia y una presión interna al revés y esperamos que eso se revierta porque lo necesitamos los dos”.

Pero la conciliación es difícil pues Dilma Rousseff tiene las ideas muy claras, como ya se lo dijo a Infolatam: “se puede y vamos a hacer lo posible y lo imposible para defender la industria nacional”.

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