Análisis Político

Fareed Zakaria

EEUU: La elección que los votantes merecen

Fareed Zakaria


Uno de los más importantes pensadores de la política internacional es hijo del político y académico indio Rafiq Zakaria y de la periodista Fatima Zakaria, se crió en una familia musulmana secularizada. Estudió en la Universidad de Yale y después se doctoró en economía política en la Universidad de Harvard. Tras una larga carrera como columnista de Newsweek y editor de Newsweek International, ha anunciado que ingresará como editor en la revista Time. También dirige el programa de la CNN Fareed Zakaria GPS, y es un comentarista frecuente en temas de su especialidad; es un columnista sindicado de The Washington Post. Zakaria se ha naturalizado como ciudadano estadounidense. Vive en la ciudad de Nueva York con su esposa, Paula Throckmorton Zakaria, su hijo Omar y sus hijas Lila y Sofia.
En la estrategia económica más amplia, creo que Obama tiene el argumento más fuerte. Necesitamos una estructura fiscal y reglamentaria que cree fuertes incentivos para que los negocios prosperen

NUEVA YORK. Los ataques y contraataques de las campañas de Obama y Romney han aumentado la temperatura de la contienda presidencial haciendo fácil olvidar las grandes cuestiones que están en juego. Es una lástima porque, debajo de la espuma, hay un importante debate ideológico que se podría haber tenido sobre el futuro de Estados Unidos.

Supongo que los ataques son inevitables. Pero seamos honestos: en gran parte, son falsos o irrelevantes. Sea lo que muestre la documentación, Mitt Romney no estaba dirigiendo el fondo de inversión Bain Capital con posterioridad a febrero de 1999. Incluso si lo hubiera estado haciendo, la tercerización de los empleos para disminuir los costos de las empresas – y asegurar su supervivencia – no es una medida sórdida; es la forma de gestionar un negocio de manera efectiva. (¿Acaso Obama está sugiriendo que las barreras arancelarias se colocan para prevenir en el futuro la tercerización?). Por otro lado, la reciente afirmación de Romney, en la que acusa al presidente de facilitar subvenciones del gobierno a sus partidarios políticos, fue tan retorcida que, por provocar distorsión, obtuvo la mayor puntuación en la sección Contrastar Hechos del periódico The Washington Post, “Cuatro Pinochos”.

Por debajo de todos los insultos hay una división real. Obama ha sostenido que la economía estadounidense necesita inversiones en infraestructura, educación, capacitación, ciencias básicas y en las tecnologías del futuro. Estas inversiones, al decir del presidente, han sido las principales impulsoras del crecimiento de Estados Unidos y han permitido que las personas construyan empresas, creen puestos de trabajo e inventen el futuro.

Por su parte, Romney sostiene que Estados Unidos necesita una desgravación fiscal y regulatoria. Cree que el país está sobrecargado por mandatos, impuestos y regulaciones del gobierno, que dificultan el funcionamiento, crecimiento y prosperidad de las empresas. Quiere reducir los impuestos para todos, comprimir las regulaciones y hacer un gobierno más eficiente. Piensa que todo esto desatará la energía empresarial de Estados Unidos. Ambos puntos de vista tienen su mérito. Si nuestra nación tuviera un debate sostenido en torno a estas ideas, habría una gran campaña. Entonces la elección produciría un mandato que oriente a moverse en una de estas direcciones. En ambos casos, los candidatos tendrían que explicar cómo enfrentarían sus ambiciones con la reducción del déficit a largo plazo. Si Obama tiene previsto invertir los fondos del gobierno en infraestructura, o si Romney tiene la intención de reducir impuestos; cada uno necesita de una estrategia seria de una reforma fiscal. Si bien Obama ha sido más específico que Romney, ninguno ha sido completamente honesto acerca de lo que los números indican que será necesario hacer para ordenar la situación presupuestaria: recortes a los programas de asistencia social y mayores impuestos (ya sea a través de mayores tarifas o de la eliminación de las deducciones como la del interés de la hipoteca).

En la estrategia económica más amplia, creo que Obama tiene el argumento más fuerte. Necesitamos una estructura fiscal y reglamentaria que cree fuertes incentivos para que los negocios prosperen. La cuestión es que ya tenemos una. El Informe Global de Competitividad del Foro Económico Mundial 2011-12 sitúa a Estados Unidos en el lugar número 5 – y primero entre las grandes economías. En los últimos años, ha habido un pequeño deslizamiento en esta clasificación, pero es modesto y puede ser rectificado. Sin embargo, en general, ya sea si nos comparamos con nuestro propio pasado – supongamos 30 años atrás – o con otros países, Estados Unidos ha generado un entorno empresarial más favorable. Por este motivo, la semana pasada, la revista The Economist predijo un renacimiento económico de Estados Unidos.

En lo que refiere a la infraestructura, la educación y la investigación, Estados Unidos está mucho peor de lo que estaba hace 30 años. Se gasta mucho menos en infraestructura como porcentaje del producto bruto interno (PBI). En 2009, el financiamiento federal para el área de investigación y desarrollo era la mitad del porcentaje del PBI de lo que era en 1960. Incluso el gasto en educación y capacitación era menor como porcentaje del presupuesto federal de lo que era durante 1980.

El resultado es que, rápidamente, nos estamos quedando atrás. En 2001, el Foro Económico Mundial clasificó en segundo lugar en el mundo a la infraestructura estadounidense. En su último informe estábamos en el lugar número 24. La Oficina Presupuestaria del Congreso señaló que en 2010, Estados Unidos gastaba en infraestructura solamente un 2,4 por ciento de su PBI. Europa gastaba un 5 por ciento y China, un 9 por ciento. Durante la década de 1970, Estados Unidos lideró al mundo en el número de estudiantes graduados de la universidad; en 2009, ocupamos el lugar número 14 entre los países tomados en cuenta por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico. Entre los años 1996 y 2007, el crecimiento anual de gasto en el área de investigación y desarrollo –público y privado- fue de 5,8 por ciento, mientras que en Corea del Sur fue de 9,6 por ciento; en Singapur, 14,5 por ciento y en China 21,9 por ciento.

En otras palabras, el gran cambio en la economía de Estados Unidos durante los últimos 30 años no se debió a un incremento en impuestos y regulaciones, sino más bien a una disminución en la inversión en capital físico y humano. Es deprimente que el presidente Obama haya centrado su campaña en medias verdades y argumentos débiles teniendo hechos reales y un fuerte argumento para hacer lo contrario.

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