Análisis Político

Charles Krauthammer

Romney en el extranjero

Charles Krauthammer


El Dr. Charles Krauthammer (Nueva York, 1953) obtuvo su Licenciatura en Ciencias Políticas y Economía en McGill University de Montreal y su Doctorado en Medicina de la Universidad de Harvard. En 1978 abandonó su práctica de la medicina para dirigir el planeamiento en investigaciones psiquiátricas para la administración Carter y comenzó a escribir para la revista The New Republic. Actualmente cuenta con una columna semanal en el Washington Post y es colaborador frecuente de las revistas Time y The Weekly Standard. Además es comentarista político de la cadena Fox News.
El republicano entiende que lo más importante es mostrarse. Así que durante su visita a Israel, Polonia y Gran Bretaña no dirá gran cosa, pues su sola presencia será suficiente

WASHINGTON. Hace una generación, fueron las tres I. El obligatorio viaje al extranjero de un aspirante a la presidencia de Estados Unidos incluía Irlanda, Italia e Israel. Hoy, el itinerario de Mitt Romney es un poco diferente: Gran Bretaña, Polonia e Israel.

Cada uno de sus destinos tiene un propósito y sugiere una afinidad sutil con EEUU. En el caso de Gran Bretaña, porque tiene que ver con nuestra conexión cultural con la gente de Downton Abbey, que ha estado a nuestro lado en casi todas las peleas de los últimos cien años; Polonia, porque representa la “nueva Europa”, es decir, los centroeuropeos desvergonzadamente pro-estadounidense. Y, por último, Israel, no solo en un intento de apelar a la comunidad judía de EEUU, sino también a un número infinitamente mayor de cristianos evangélicos simpáticos.

A diferencia de Barack Obama, Romney, durante su visita al extranjero, no indispondrá a su país, criticando a su presidente o declarándose a sí mismo un ciudadano del mundo. De hecho, seguramente no dirá algo sustancioso, solo deberá ofrecer efusivas expresiones de afecto a sus anfitriones y esforzarse por evitar contratiempos innecesarios, como su crítica inexplicablemente tonta y gratuita a la actuación de Gran Bretaña de los Juegos Olímpicos. Su intención es mostrar aprecio por los aliados más cercanos, algo que el actual presidente ha olvidado hacer.

Por el contrario. Al comenzar su presidencia, Obama regresó a la Embajada británica el busto de Winston Churchill, que había permanecido como un baluarte en la Oficina Oval. Luego vino el funcionario del Departamento de Estado que negó la existencia de una buena relación anglo-estadounidense, diciendo: “No hay nada especial con Gran Bretaña. Es exactamente igual que con los otros 190 países en el mundo”.

Y como si fuera poco, Gran Bretaña recibió una prácticamente una bofetada en lo que respecta a las Islas Malvinas, un tema que los británicos habían considerado cerrado, pues rechazaron la invasión argentina hace 30 años. Ellos estaban incómodos por la neutralidad estudiada que manifestó la administración de Obama respecto al conflicto entre Gran Bretaña y Argentina.

En cuanto a Polonia, este país fue sorprendido por el hecho de que Obama cancelara un acuerdo de defensa antimisiles firmado con el gobierno de Bush. Después de haber desafiado las amenazas de los vociferantes rusos, los polacos esperarían un mejor trato que el de antes -el 70 aniversario de la invasión soviética de Polonia-, pues se ven a sí mismos como víctimas de la política de Obama respecto a Rusia.

Y luego está Israel, el ejemplo más notorio de la indiferencia de Obama para con sus aliados tradicionales. Obama llegó a la presidencia con la real intención de hacer buenas migas con Israel.

Pero sucedió lo contrario. (¡Sorpresa!) Cuando Obama insistió en congelar la construcción en Jerusalén que ningún gobierno de EEUU había exigido nunca y ningún gobierno israelí aceptará jamás, la Autoridad Palestina vio claramente que esto se tornaría recalcitrante. El presidente palestino, Mahmoud Abbas, le dijo abiertamente a The Washington Post que él esperaba que Estados Unidos liberara a Israel.

¿Cuál fue el resultado? Abbas se negó a negociar. Peor aún, trató de socavar el principio fundamental de la diplomacia entre el Oriente Medio y EEUU -una solución negociada de dos estados- mediante la búsqueda de reconocimiento unilateral de las Naciones Unidas de un Estado palestino, sin negociaciones o acuerdos bilaterales.

En Israel, Romney, sin duda, no dirá nada nuevo. Él solo va a reiterar sus duras palabras sobre el programa nuclear de Irán. Pero sospecho que en privado les dejará saber a los israelíes que, a diferencia de Obama, él sí está verdaderamente decidido a permitir que Israel haga lo que sea necesario para defenderse. Esta será una buena noticia para un país que nunca ha pedido a nadie luchar en su nombre, solo una luz verde para defenderse sin trabas ni amenazas veladas de sus amigos.

Lo más importante, sin embargo, es mostrarse, hacerse evidente. Ese es el 80% de la vida, dijo una vez Woody Allen. No hay necesidad de decir mucho. La sola presencia de Romney lo dirá todo.

A los israelíes, el candidato les dirá: “Nosotros entendemos su sufrimiento. Siempre y cuando hagan lo que es debido, estaremos con ustedes”. A los polacos, los alentará: “Ustedes pueden contar con el paraguas estadounidense. Nunca los dejaremos a la intemperie, desvalidos”. Y a los británicos les expresará: “Estamos muy agradecidos por su solidaridad en lugares como Irak y Afganistán. La relación es realmente especial”.

“Y una cosa más. ¿Todavía tienen el busto de Churchill?”. Romney dijo que él quiere a Winnie de vuelta en la Oficina Oval.

letters@charleskrauthammer.com.

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