El presidente Juan Manuel Santos dijo que nadie ni nada lo haría pelear con su antecesor Álvaro Uribe. En una entrevista en agosto del año pasado el mandatario insistía: “Como disciplina mental, el mantra no pelear, no pelear, no pelear con Uribe, entonces no me dejo provocar porque no le conviene al expresidente, ni al gobierno ni al país”.
Ese sentimiento definitivamente no es recíproco. Desde el inicio del actual gobierno, Uribe Vélez ha venido desplegando una incansable campaña de ataques en contra de la Casa de Nariño. Usando como plataforma la red social Twitter, el exmandatario ha enfilado baterías contra lo más destacado de la agenda del presidente Santos, desde la política exterior hacia Venezuela hasta la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, pasando por el manejo de la seguridad, el marco por la paz y el fuero militar. Esto ha producido casi 10.000 trinos en dos años, es decir un promedio de 12 diarios. A lo anterior se han sumado duros comentarios en entrevistas con medios de comunicación nacionales e internacionales, interferencias a la bancada oficialista, recorridos políticos por varias regiones del país, el montaje de un pequeño aparato de columnistas afines, una ‘agencia’ paralela de noticias sobre seguridad regional y hasta videos caseros de YouTube.
A pesar de toda esta artillería electrónica y audiovisual tanto el presidente Santos como su gabinete ministerial se mantuvieron incólumes por más de año y medio. Siguiendo el famoso mantra, el alto gobierno evitó con mucha disciplina responder directamente a las críticas de Uribe y de sus más reconocidos escuderos. Mientras el Ejecutivo consolidaba sus mayorías parlamentarias, impulsaba un número histórico de reformas y se distanciaba de las posturas uribistas, el expresidente se fue reduciendo a su cuenta de Twitter y sus fanáticos seguidores.
En menos de dos años Juan Manuel Santos había logrado lo imposible: una exitosa ‘desuribización’ del país. Mientras que en agosto de 2010 Álvaro Uribe salía de la Casa de Nariño como el segundo Bolívar que marcaría la política colombiana por décadas, en diciembre de 2011 los uribistas ni siquiera eran capaces de imponer su agenda en La U. Y lo paradójico es que aunque Santos estaba desarrollando una agenda diametralmente opuesta a la del legado de Uribe que lo había llevado al poder, la inmensa mayoría de los colombianos se habían vuelto tan fanáticos santistas como habían sido fanáticos uribistas. Santos promovió un sello propio con el reconocimiento del conflicto armado, la reconciliación con los vecinos y los proyectos de tierras y víctimas. Así, demostró que su mandato no sería el tercer periodo de Uribe en cuerpo ajeno.
Esa transición no era del agrado de Uribe. Gradualmente se fue convirtiendo en un tuitero radical contra cualquier iniciativa del gobierno. Un doctor No en el ciberespacio. Santos aguantó y siguió aplicando su mantra hasta que en la Cumbre de las Américas en Cartagena decidió no seguir poniendo la otra mejilla. En una entrevista con CNN, por primera vez arremetió fuerte contra Uribe describiéndolo como “cosa del pasado”. Agregó que los trinos uribistas “lo tenían sin cuidado y no le quitaban el sueño”. La guerra fría entre ambos líderes había llegado a su fin y comenzaba el enfrentamiento abierto. Lea la nota completa en la revista Semana.
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