Uno de los temas más sensibles para los Estados Unidos es el debate sobre su decadencia como superpotencia en la esfera mundial. Con argumentos a favor y en contra respecto a esta tesis, hay signos que parecen más convincentes del final de una era de liderazgo global.
Uno de ellos ocurrió esta semana cuando el el transbordador espacial Discovery sobrevoló Washington en su despedida final antes de aterrizar en el Aeropuerto de Dulles para su retiro en un museo de la capital.
Miles de personas se reunieron en plazas y azoteas en lo que fue un momento solemne una verdadera marcha fúnebre. El trasbordador estaba siendo transportado por un avión 747 porque ni puede volar ni volverá a hacerlo jamás. El columnista del Washington Post y colaborador de El Politico Charles Krauthammer lo describe como un entierro con su cuerpo embalsamado al igual que Lenin en la Plaza Roja.
Una decisión impopular, según Gallup 60% de los estadounidenses creían que valía la pena seguir invirtiendo el programa espacial. Pero el hecho es que la NASA se quedó sin presupuesto para mantener a esta gloria de la navegación espacial y suspendió el programa para desarrollar la capsula propulsada Constellation destinada a poner tripulantes en órbita.
Ahora, la NASA tendrá que comprar un boleto de 56 millones de dólares para colocar sus astronautas en la Estación Espacial Internacional. Y tendrá que pagarlo a Rusia. De este modo Estados Unidos renunció a su dominio de los vuelos espaciales cediendo el espacio a sus antiguos competidores, Rusia y China.
Conscientes de su enorme poder simbólico, China ha acelerado su programa espacial y espera caminar sobre la Luna la próxima década.
En tiempos de crisis económica, muchos pensarán que el sacrificio es inevitable. Lo cierto es que se cierra un programa que generó los empleos más avanzados de la industria espacial y que si Estados Unidos hubiese esperado a tener un presupuesto balanceado para invertir en la más alta tecnología del planeta nunca habría existido el programa de transbordadores espaciales.
Para Krauthamner, un fuerte crítico de la administración Obama, los déficits actuales no son inevitables ni tampoco estructurales, en parte son el resultado del pánico financiero y de la recesión del 2008 y sobretodo la consecuencia de una expansión masiva del gasto federal en los últimos tres años.
Los astronautas Neil Armstrong, James Lovell y Gene Cernan en una carta abierta del 2010, calificaron de “decisión devastadora” el cierre del programa espacial Constelación lo que condenaba a Estados Unidos a convertirse “en una potencia de segunda o tercera categoría”.
Muchos recordaremos con nostalgia los lanzamientos del transbordador espacial. Los que visiten su cuerpo embalsamado sin duda presenciarán un triste episodio de la historia estadounidense, el primero en que la superpotencia se retira de una nueva frontera quizás el signo de una incierta decadencia.
ROGER SANTODOMINGO El Político | Twitter @CodigoRoger | @ElPoliticoWeb







