Latinoamérica

El 5 de abril de Ollanta Humala

El Presidente peruano de hoy está más cerca de Vargas Llosa y Alejandro Toledo que de Óscar Valdés, dice el politólogo Mirko Lauer

Por Mirko Lauer, politólogo y ensayista peruano

Las declaraciones de Ollanta Humala contra el golpe fujimorista y su secuela cierran por el momento varias puertas conjeturales. Una de ellas la que sugería que el giro hacia la derecha lo iba a acercar al fujimorismo. Otra, complementaria, es la de una eventual coincidencia en el autoritarismo.

El Humala de este cinco de abril está mucho más cerca de Mario Vargas Llosa y Alejandro Toledo que, digamos, del premier Óscar Valdés. Mientras la izquierda se agrupa en una Santa Alianza contra las políticas centrales del gobierno, Humala deslinda con brío respecto de veinte años de derecha de recambio en el país.

Podría pensarse que el gesto es mala política práctica, pues los votos fujimoristas en el Congreso podrían ser indispensables para aprobar algunas leyes importantes. Pero el hecho es que Humala hace la política de la Presidencia de la República, no la de Daniel Abugattás, condenado a conciliar con tutilimundi en el Congreso.

De otra parte, con las políticas que viene desarrollando Humala, en muchos casos a los fujimoristas no les quedan muchas más opciones que apoyar o conceder callando. En cambio Humala por el momento no necesita conceder nada, y lo sabe. En todo caso no es esa derecha forjada en torno de la chaveta a la que debe enamorar, sino a la económica.

Dos cosas nos hacen notar las declaraciones de Humala. Una es que un importante margen de victoria electoral ha sido para él precisamente el antifujimorismo. La otra es que el fujimorismo mantiene un importante seguimiento indiferente a los argumentos de la democracia y de la anticorrupción, una lealtad cerril que no está del todo descifrada.

Los fujimoristas por su parte esperan el momento de dar el abrazo del kuma. La teoría de esto es que un Humala terminado de abandonar y hasta confrontado por la izquierda y el toledismo con sus adláteres tendrá que buscar al fujimorismo para seguir gobernando. Para eso envía efectivamente algunas señales.

Una señal reciente es el nihil obstat de Keiko Fujimori a la hipotética candidatura de Nadine Heredia en el 2016. Eso es lo que los chinos llaman un caramelo envenenado, y que tácitamente Humala acaba de rechazar con sus declaraciones del cinco de abril. A K. Fujimori le encantaría competir contra la candidata de un gobierno inevitablemente desgastado.

Cabe añadir que en todos estos años los fujimoristas no han mostrado la menor señal de arrepentimiento por sus peores actos o de conciliación con la democracia institucional que usufructúan. Lo cual, a pesar de que la conducta política tiende a ser formal y hasta respetuosa, mantiene sobre ellos el baldón de los sombríos años 90.

MIRKO LAUER – La República (Perú) |@larepublica_pe |@ElPoliticoWeb

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