El presidente Barack Obama, en visita a universidades e instituciones similares, ha expresado su preocupación por la posibilidad de incremento de las deudas estudiantiles, que en Estados Unidos afectan a unos 37 millones de jóvenes y sus familias.
La noticia es que en el esfuerzo de Obama para que se congelen las tasas de interés de estas deudas estudiantiles, ha encontrado a un inusitado aliado, nada menos que al virtual candidato opositor Mitt Romney. De tal manera que Demócratas y Republicanos, por fin, se encuentran juntos en el cumplimiento de una tarea popular y benéfica.
Una de las razones de la grandeza de Estados Unidos, es la sensatez que siempre condujo a sus dirigentes, de ambos partidos, a ponerse de acuerdo en todo aquello que tuviera rango estratégico para la nación. Ese sentido bipartidista ha sido una carta de triunfo para la nación.
Pero en los últimos años, la trivialización de la política (la política como espectáculo mediático), la desmedida presión electoral y la acción corrosiva de los radicales de derecha e izquierda, ha venido marchitando el espíritu de entendimiento bipartidista.
Demócratas y Republicanos han llegado a ser irracionales en sus enfrentamientos. Con destellos de intolerancia y hasta odios incomprensibles. Todo eso aderezado por la incomunicación y la sospecha.
Por eso hay que saludar con entusiasmo toda tentativa de convergencia en temas relevantes. El diálogo y el debate civilizado, sin estridencias ni crispación, son condiciones de la convivencia democrática. Sobre todo para un país con tanta responsabilidad planetaria y reflejo modélico para los demás.
Ojalá que esta campaña electoral le sea leve a los Estados Unidos.
ALEXIS ORTIZ – El Político | alexisortiz@elpolitico.com | @alexisortiozb





