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La responsabilidad de Capriles

Chávez quiere llevarlo a su terreno de manipulación emocional e intimidación

Henrique Capriles Radonski en acto en Caracas (Foto AP)

Ya no se habla en Venezuela de la contundente victoria alcanzada por las fuerzas de la unidad democrática. El jab al mentón que el proceso de primarias le dio al convaleciente mandamás venezolano, hoy parecería que fue hace mucho tiempo y ya puede olvidarse.

Pero, en realidad, el tsunami político que con tres millones de votos logró colocar a Henrique Capriles Radonski como el candidato único de la oposición al gobierno militarista de Hugo Chávez fue hace pocas semanas y las secuelas de la devastación aún resienten al partido de gobierno.

Pero, aunque seriamente aturdido por la calidad del éxito de Capriles, nunca debe subestimarse la capacidad de reacción de Chávez. De hecho, varios factores que enumeraremos acá indican que controla la agenda una vez más:

  • - En medio de Carnavales, viajó a Cuba para someterse a una operación. Sólo para confirmar lo que -muy oportunamente para el gobierno por cierto-, ya se había “filtrado” a la prensa: Que tiene cáncer.
  • - Desde La Habana, Chávez sigue gobernando y hace mensajes televisados diseñados para “conmover” a su base con su corajuda fragilidad y, a la vez, enviar la contradictoria señal de su casi divina invensibilidad.
  • - Para hacer una asociación simbólica que indica que también es políticamente invencible, empresas encuestadoras vinculadas, directa o indirectamente, al Estado y al partido de gobierno han publicado sucesivas encuestas que dan cuenta de su elevado nivel de aprobación entre la población. “La Venezuela con cáncer” es una que perdona todos los errores de su bondadoso y enfermo mandatario y, de ellas podría inferirse que sus ciudadanos lo quieren gobernando vivo o muerto.
  • -Muy por el contrario al ambiente que se respira en el país y a la previsible tendencia al aumento de la popularidad de todo líder que surge exitoso de una elección, estas supuestas encuestadoras hacen malabarismos para mostrar un reducido índice de popularidad de Henrique Capriles, incluso por debajo de los niveles de aprobación que tenía previo a las primarias que ganó de forma arrolladora.
  • -Siguiendo un guión casi perfecto, un “fallido atentado” a Capriles lleva la violencia a sus actos políticos. Durante una caminata por un barrio pobre de Caracas, el candidato opositor y sus seguidores son emboscados por presuntos activistas del gobierno. Entre los heridos, destaca un joven líder estudiantil, hijo del destacado político opositor Ismael García, quien recibió un tiro cuando estaba a pocos metros del candidato opositor, quien sí recibe golpes e insultos de parte de exaltados según los testigos. Testimonios recogidos en la prensa indican que algunos de los que dispararon fueron pagados para “asustar a los escuálidos” (que es como Chávez llama a sus opositores), a la vez que periodistas de televisión que cubren el evento fueron atacados y sus equipos robados.
  • -Poco después, el vicepresidente Elías Jaua condena la violencia, llama a la moderación, pero a la vez, el Ministerio de Interior acusa a la oposición de crear un “autoatentado” e inicia una persecución de los policías que escoltaban al gobernador y candidato opositor, por el uso de armas de fuego en actos políticos y provocar la violencia.

Con estos hechos, el gobierno intenta reducir la amenaza política a su continuidad y mover la agenda de los medios a su terreno: El de la violencia física y verbal, aderezada de especulación y rumores, en lugar de una campaña democrática, enriquecida con el debate y la información.

Como decíamos antes, ya no se habla en Venezuela del potencial arrollador del ganador de las primarias, al contrario, se discute sobre los temas que apuntan a crear la sensación de que Capriles representa una fuerza insignificante políticamente, que está rodeado de unos pocos fanáticos “duros de la derecha” que sólo desean la muerte del “amado líder revolucionario” o del “comandante presidente” -como suelen llamarle en las estaciones de radio y televisión públicas-, pues esa sería su única opción de éxito.

El gobierno sabe que la violencia no cambiará el voto duro de la oposición ni acobardará a los activistas de Henrique Capriles, al contrario, está seguro de que los radicalizará.

Ahora bien, esta violencia gratuita sí podría intimidar a los que simpatizan con el cambio, disuadiéndolos de participar en actos públicos. Ya en los barrios de las principales ciudades venezolanas muchos se arriesgan a diario con el crimen común y no todos están dispuestos a recibir una bala por Capriles.

Esto, con encuestas bien presentadas y publicitadas, puede lograr el efecto deseado por el chavismo: La impresión de que la opción opositora es sólo un efecto mediático sin fuerza en la calle.

La responsabilidad de Henrique Capriles es no dejarse enlodar en esta agenda de manipulación sensiblera e intimidación.

El tema de la seguridad de sus actos públicos debe asumirse con criterios extraordinarios y suma inteligencia policial y política.

El gobierno venezolano debe saber que los ojos del mundo estarán sobre esta campaña, los venezolanos responsables y la comunidad internacional deben exigir que este garantice los recursos necesarios para evitar que el crimen político y los violentos ahoguen a la democracia venezolana.

Roger Santodomingo El Politico | Twitter @CodigoRoger | @ElPoliticoWeb

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