A decir del Presidente Morales, quien planteó la necesidad de “nacionalizar” las leyes bolivianas, la justicia nacional pasa por una re-visión revolucionaria. Esta vez, por que el “Jefazo” (como le gusta que lo llamen), tiene la sensación que las leyes nacionales no son tan bolivianas como a él le gustaría que sean. Este desafortunado comentario (evada), fue vertido sin anestesia en un seminario de la nueva visión de la justicia, después de escuchar que, nuestras leyes están inspiradas en los códigos napoleónicos derivados del código romano, por lo que no representaría la cultura ancestral de los bolivianos. Como no podía ser de otra manera, y como dice el dicho popular: lo poco cansa y lo mucho amansa la responsabilidad de esta copia fiel es sin duda del imperialismo norteamericano.
Este revisionismo jurídico, fue acompañado por un intento de deslindar toda responsabilidad personal por parte del presidente a los delitos que se han cometido en su gobierno, ya que los mismos se han cometido por culpa de sus abogados y sus ministros, al tiempo que distribuía la responsabilidad de la siguiente manera: “Si el Presidente ha cometido algún error, algún delito júzguenme, procésenme y castíguenme, (pero) también quiero decirles (que) si algún error o delito voy a cometer, si es un tema legal debe ser por culpa de mis abogados y abogadas, si hay un problema (en el tema) de los derechos humanos será por culpa de algún Ministro o Ministra, (…) los (problemas en) temas económicos, en temas del Estado van a ser por (responsabilidad de) algún compañero o compañera”, concluyó el jefe de Estado, claro, no sin antes decretar la independencia del tercer Poder del Estado reducido a la categoría de un simple Órgano Judicial.
Sin embargo la verdadera antesala de esta verborragia presidencial fue promovida nada más y nada menos que por el Ministro del Tribunal Constitucional Gualberto Cusi, electo en las tortuosas elecciones judiciales de octubre del 2011, que en un afán de granjearse los favores presidenciales, confesó públicamente que para dirimir las demandas constitucionales consultaba a las hojas de coca, y son ellas (y no el principio jurídico) quienes determinan sus fallos.
Este es el esquema de la justicia boliviana, a la que todos los ciudadanos tenemos por principio que someternos. Sojuzgados a la dudosa capacidad de compadres y “yatiris” del evismo y a los caprichos e ignorancia del jefazo. Esta es la nueva visión de la justicia boliviana, el pasado ancestral convertido en un oscuro futuro.





